Exposición “Caminos a la escuela”

Cuando ir todos los días al cole es una hazaña.

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Kenia. Foto: © Nichole Sobecki / Sipa Press.

En la Fundación Canal de Isabel II he visto la exposición Caminos a la escuela. 18 historias de superación, que consiste en 134 fotografías tomadas en 18 lugares del mundo que muestran las dificultades que tienen niños y niñas para acudir todos los días a la escuela, bien por vivir en un entorno hostil, por las largas distancias a recorrer o por ser víctimas de algún tipo de discriminación.

En Wyalkatchem (Australia), quince niños realizan diariamente un trayecto de 194 km en autobús a su escuela en Perth. Pequeños estudiantes brasileños de Sertao deben ir en borrico al colegio atravesando un desierto. En Misrata (Libia), tienen que sortear campos minados para llegar al aula; algunos no lo logran.

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Libia. Foto: © Olivier-Jobard / Sipa Press.

En el crudo invierno de Alaska, los niños de Kivalina empiezan y terminan sus clases de noche, con temperaturas bajo cero. En las zonas costeras de Japón devastadas por el último tsunami, los escolares se reúnen cada día a primera hora en las ruinas de lo que fue su colegio, donde son recogidos por vehículos que les trasladarán a centros provisionales situados a largas distancias.

Solo el diez por ciento de las niñas del asentamiento chabolista de Kibera, en Kenia, pueden estudiar y tienen que ir en grupo a la escuela para evitar ser violadas. En algunos suburbios de Los Angeles (California), los alumnos deben atravesar barrios peligrosos dominados por la delincuencia. En la Bretaña francesa, los chicos de la pequeña isla de Höedic tienen que embarcar y hacer una travesía de veinte minutos para llegar a su clase en la isla de Houat.

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Burkina Faso. Foto: © Holly-Pickett / Sipa Press.

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Brasil. Foto: © Leonardo-Wen / Sipa Press.

Otros sufren discriminación por ser refugiados, como en Burkina Faso, por tener algún tipo de discapacidad, por pertenecer a minorías étnicas como los gitanos o por el mero hecho de ser niñas.

Todos ellos tienen algo en común: la convicción de que estos sacrificios merecen la pena porque a través de la educación alcanzarán una vida mejor.

Esta exposición debería ser visita obligada para todos los alumnos españoles, al menos para que sepan que hay niños en el mundo que no tienen la suerte de acceder al colegio tan cómodamente como ellos.

Vídeo del tráiler oficial del film Camino a la Escuela de Pascal Plisson, que próximamente se estrenará en los cines (subtítulos en español):

Caminos a la escuela. 18 historias de superación
Fundación Canal
Mateo Inurria,2
28036 Madrid
Del 25 de septiembre de 2014 al 6 de enero de 2015
Laborables y festivos 11:00 a 20:00 h.
Miércoles 11:00 a 15:00 h.
Entrada libre

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El cristianismo nestoriano en Asia y la Ruta de la Seda

Autor: Julio González-Alcalde.

nestorianismo ruta seda

Julio González-Alcalde: El cristianismo nestoriano en Asia y la Ruta de la Seda (Editorial Librería Argentina, 2014).

En el siglo V Nestorio, patriarca de Constantinopla, difundió la idea de la doble personalidad de Jesucristo, divina y humana, lo que en el Concilio de Éfeso (431) le valió la consideración de hereje, el cese en su cargo y el exilio en Oriente. Había nacido el nestorianismo, religión que entre los siglos V y XIV se extendió por Asia a través principalmente de la Ruta de la Seda.

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Estela de Siganfú (Hsi-an-fu), en China, con una inscripción nestoriana (Siglo VIII). Foto: Wikipedia.

Los nestorianos, también llamados cristianos asirios, tuvieron la habilidad de pactar con los persas sasánidas, enemigos del Imperio Romano de Oriente. Los persas fueron derrotados por los bizantinos en 628 y poco después, a partir de 633, comenzaron las invasiones árabes.

Pero la religión nestoriana se había extendido ya imparable hacia el este, alcanzando Turkestán, Mongolia, Xinjiang, Tíbet, China e India. Samarcanda fue obispado nestoriano en los siglos VI y VII. Sabemos, por la Estela de Siganfú, que en 635 un monje llamado Alopen llegó a China y fundó un monasterio en Changán (Xian). Entre los consejeros de Gengis Khan se encontraban varios nestorianos. En el siglo IX se contabilizan 245 diócesis entre El Cairo y Pekín.

Los nestorianos, que se revelan como grandes diplomáticos, establecieron buenas relaciones con todos los pueblos y, en particular, fueron respetados por los musulmanes, hasta el punto de que llegaron a establecer diócesis en la misma península de Arabia. Se considera que los nestorianos transmitieron a los musulmanes el conocimiento del mundo clásico

Durante el reinado de Kublai Khan, cuya madre era una cristiana nestoriana, esta religión conoce su época de mayor auge. En los siglos XI y XIII se detecta la presencia de nestorianos en lugares como Sri Lanka, Tailandia, Malasia e Indonesia. Cuando los portugueses llegan a la India en 1498 se encuentran con la sorpresa de que hay cristianos.

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Piedra tallada con una cruz nestoriana (Museo de Quanzhou). Foto: Wikipedia.

El retroceso de la iglesia nestoriana comienza con la decadencia del imperio mongol, con la llegada a China de la dinastía Ming -intransigente con las religiones que no fueran de origen autóctono- y con la aparición de corrientes islámicas menos tolerantes.

Esta historia nos la cuenta Julio González-Alcalde (Doctor en Geografía e Historia y conservador en el Museo Nacional de Antropología) en El cristianismo nestoriano en Asia y la Ruta de la Seda, un pequeño ensayo editado por la Librería Argentina, de 77 páginas extraordinariamente amenas que encantarán a los aficionados a estos temas.

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Brujas, sapos y aquelarres

Una historia de las mujeres brujas por Pilar Pedraza.

Brujas Sapos Aquelarres

Brujas, sapos y aquelarres (Valdemar, 2014)

En el epílogo, la autora afirma no haber adoptado en este repaso histórico al fenómeno de la brujería un punto de vista explícitamente feminista, pero es evidente que aborda su estudio de las brujas en cuanto a su condición de mujeres y no de personas a las que se atribuyen poderes mágicos (también han existido brujos y en este libro casi no se mencionan).

“En nuestros días, en pleno capitalismo triunfante y global, hablar de brujería es una cuestión arqueológica y así lo he entendido yo al escribir este pequeño ensayo” (Pilar Pedraza)

En consecuencia, hay que decir que estamos ante un libro que no trata de brujería, sino de mujeres brujas, lo que tampoco está mal ni mucho menos.

Dicho esto, Brujas, sapos y aquelarres, comienza su recorrido con Hécate, la diosa de la hechicería, sigue por la Edad Antigua y el mundo cristiano y sus inquisiciones, y termina en sus manifestaciones modernas, como la Wicca, con numerosas referencias al cine y algunas al arte y la literatura. Se trata de una descripción y análisis de las características del fenómeno en cada época, sin entrar en detalles psicológicos o antropológicos.

El mejor capítulo -que representa bien el carácter general de la obra- es el dedicado a la bruja en su condición de mujer libre, no sometida al rol femenino impuesto por la sociedad:

“Para las feministas del siglo XX, la bruja es por lo general una figura simpática, la imagen de la mujer emancipada, que no vive para su familia sino para la colectividad a través de la sanación, la ayuda para parir y abortar, el trabajo cerca de la naturaleza y el arte, que no practica la religión ni cree en dios, y que acaba asada en la hoguera por un poder tiránico.”

Son interesantes también los capítulos Brujería erótica y de salón y su contrapunto, el dedicado a la “brujas viejas”, las tradicionales brujas feas de los cuentos y las que representó Goya en sus célebres grabados.

Me sobra el capítulo sobre Juana de Arco, que ni fue bruja ni pretendió serlo, aunque la quemaran, por razones políticas, acusándola de ello.

Les dejo una entrevista a Pilar Pedraza en el Diagonal: Mi feminismo es igualitario, socialista y radical.

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Valle-Inclán y el insólito caso del hombre con rayos X en los ojos

Textos de Ramón Mayrata, Grace Morales, Harry Houdini y Gonzalo Rodríguez Lafora.

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Valle-Inclán y el insólito caso del hombre con rayos X en los ojos (La Felguera Ediciones, 2014). 188 págs. 20 euros.

En 1923 un joven que decía formar parte de una aristocrática familia española aseguraba poseer la cualidad llamada metasomoscopia, es decir, la posibilidad de ver a través de los cuerpos opacos o visión de rayos X. Se llamaba Joaquín María Argamasilla de la Cerda y Elio. Era aquélla una época en la que los avances científicos competían con la creencia en las ciencias ocultas. Proliferaban videntes y espiritistas, que en muchos casos trataban de dar verosimilitud a sus supuestas facultades mediante una explicación científica.

Argamasilla realizó en la Real Academia de Ciencias una exhibición de sus poderes que consiguió convencer a unos cuantos ilustres sabios españoles, entre ellos el escritor Valle-Inclán, que era amigo de su padre; pero no a otros, como el prestigioso neurólogo y psiquiatra Gonzalo Rodríguez Lafora, que en enero de 1924 publicó dos artículos en El Sol negando la existencia de la metasomoscopia. La polémica se reflejó en los diarios de la época, con argumentos a favor y en contra. Julio Caro Baroja dice que las tertulias madrileñas se dividieron entre argamasillistas y antiargamasillistas.

En Francia, el doctor Charles Robert Richet fue otro convencido por las facultades del joven, adquiriendo así el caso una dimensión internacional. Animado por el éxito, Argamasilla dio el siguiente paso que fue viajar a Nueva York para hacer allí una demostración pública. Sin embargo, algo sería diferente esta vez: entre los asistentes al hotel Pennsylvania en la Séptima Avenida se encontraba Harry Houdini.

Harry Houdini

Harry Houdini

Erik Weisz era un judío húngaro que había abandonado su país natal a los trece años para residir con su familia en Estados Unidos. Ya de niño asombraba a todos con sus extraordinarias facultades de contorsionista e ilusionista. En América comenzó trabajando como trapecista en circos para después dedicarse de lleno a su gran habilidad, el escapismo. Adoptó el seudónimo Houdini en honor al mago francés Robert-Houdin.

Al morir su madre pretendió establecer contacto con ella en el más allá, pero tras solicitar los servicios de varios medium, comprobó que todos eran unos farsantes. Su decepción le llevó a emprender una cruzada para desenmascarar a videntes, adivinos y demás impostores.

En esas estamos cuando llega a Nueva York un español que pretende tener vista de rayos X. Y allí está Harry Houdini para desafiarlo.

Houdini y Argamasilla

Houdini y Argamasilla, frente a frente

Si quieren conocer el desenlace de esta historia, Ramón Mayrata se lo cuenta con todo lujo de detalles en Valle-Inclán y el insólito caso del hombre con rayos X en los ojos, acompañado de ilustraciones y textos de aquella época, como los que firman dos de los protagonistas, Harry Houdini y Gonzalo Rodríguez Lafora.

El libro se abre con un brillante artículo, a modo de prólogo, sobre el contexto histórico y las veleidades esotéricas de Valle-Inclán, a cargo de Grace Morales, que ha pasado de ser la musa de los brutos mecánicos a una escritora reconocida ya por muchos como la mejor articulista de este país (y no seré yo quien diga lo contrario).

¿Podemos considerar el caso Argamasilla como algo del pasado? ¿Podría darse hoy una polémica similar? Pues para responder a estas preguntas no hay más que ver, por ejemplo, las actuales discusiones acerca de la homeopatía y darse cuenta de que el fondo del debate entre la ciencia y la magia, la razón y las creencias, sigue vigente.

El libro está magníficamente editado por La Felguera, una editorial que, “bajo la apariencia de una sociedad secreta, se dedica a revelar los mejores secretos de su tiempo”, y cuyo juego favorito es “descodificar el secreto de esta época, es decir, demoler la cultura bajo su forma actual”, según reza en su web, que les recomiendo visitar si son aficionados a las exquisiteces literarias.

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Mataré a vuestros muertos

La novela de Daniel Ausente (absence).

matare a vuestros muertos

Matare a vuestros muertos (Ed. Prosa Inmortal, 2014)

Hace algo más de diez años estaba yo de lurker en la lista brutta, partiéndome la caja a diario con las auténticas burradas que soltaba el personal. Entre aquella panda de encantadores pajeros descerebrados y faltones, destacaba por su buena educación y mesuradas opiniones alguien que usaba el nick absence.

A lo largo de 2004, bastantes miembros de aquel foro -hoy lamentablemente enfermo terminal- abrieron sus respectivos blogs. Absence creó El blog ausente, que pronto se convirtió en un referente de la cultura pop en la red.

Hoy sabemos que tras ese nick está el barcelonés Daniel Fernández Castany, que adoptó el pseudónimo literario de Daniel Ausente. Tiene en su palmarés haber sido uno de los pocos foreros bruttos que alcanzó la gloria de publicar varios artículos en el venerado fanzine.

Tras Black Super Power (Aristas Martínez, 2012), ensayo sobre los héroes negros en la cultura popular, y Mentiré si es necesario (editado en 2013 por el Butano Popular), Daniel Ausente acaba de publicar Mataré a vuestros muertos.

Se trata de una novela corta que mezcla el carácter costumbrista que el autor ya había imprimido en sus relatos (aparentemente) autobiográficos de Mentiré si es necesario y la literatura de terror/ciencia ficción, con una reconocida influencia lovecraftiana. Por sus páginas van pasando los personajes del multicultural barrio del Raval, incluyendo camellos, navajeros y maleantes de distintas etnias. Pero también un extraño ser que no forma parte del vecindario. O tal vez sí. Porque ¿acaso el Mal no es una parte de nosotros mismos?

Comienzan a desaparecer personas misteriosamente, igual que aconteciera en el pasado. Pero solo las ratas, las cucarachas y las palomas saben.

Mataré a vuestros muertos nos descubre que el universo aterrador de Lovecraft se encuentra también en los subterráneos de Barcelona -como también lo está en tu propia ciudad, lector-, para ser la metáfora de nuestro subconsciente, poblado de quimeras, y nos demuestra que la realidad cotidiana, con su aparente seguridad, no es más que un consenso al que hemos llegado para tranquilizarnos.

Daniel Ausente escribe con un estilo limpio y directo, como corresponde a la historia que cuenta, y su novela (como ya han dicho otros tuiteros y blogueros) “se lee de un tirón”.

No dejen de leer Mataré a vuestros muertos, pero háganlo a plena luz del día, no en la calle de noche, ni en un subterráneo ¡glups!

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