El laberinto del Tíbet (5): Nacer, vivir, morir

Este quinto episodio de la serie se dedica a mostrar la vida del común de los tibetanos, desde su nacimiento hasta su muerte… y aún después.
Antes de convertirse en un pueblo de monjes, los tibetanos eran pastores nómadas que se desplazaban con sus ganados de yaks, el animal totémico del Tíbet (la hembra se llama dri). Se conserva mucho todavía de esta forma de vida.
Se nos muestran escenas de una fiesta de pastores, a la que acuden nómadas de distintas procedencias. Entre ellos los famosos Khambas, la etnia más belicosa del país, que ha protagonizado sublevaciones contra los chinos y anteriormente contra el gobierno del Tíbet.
Los tibetanos ponen a sus hijos nombres repugnantes como mierda de perro o moco hediondo, para engañar a los dioses y que no se los lleven prematuramente; luego de mayores se cambian el nombre, cosa fácil de hacer en el Tíbet. Como además los tibetanos no usan apellidos es difícil censarlos y resultan bastante incontrolables (no puedo evitar mostrar mi simpatía hacia esta forma de proceder, que además se parece a internet, donde cambiamos de nombre cuando nos conviene e incluso usamos varios seudónimos a la vez). Las carreras de caballos montados por jóvenes constituyen el rito de paso a la edad adulta.
Asistimos al festival de shoton o del yogur, en el palacio de Norbulingka, en Lhasa, con un espectáculo de ópera tibetana. La obra literaria más importante del Tíbet es la Epopeya del rey Gesar, que se ha transmitido de forma oral y que aún hoy día se recita. Dicen que es el poema más largo del mundo.
En las fiestas la gente procura escapar a los alimentos de siempre: el tsampa, (harina de cebada tostada), que se toma con té y manteca, y la carne, que se conserva largo tiempo por el frío y la sequedad del ambiente. Aunque el budismo prohibe el alcohol, los tibetanos consumen el chang, que es cerveza de cebada. Los tibetanos son aficionados al juego, como los dados o el mahjong.

La indumentaria de esta mujer tibetana recuerda a
la usada por los habitantes de otra altiplanicie: los Andes
Las mujeres tibetanas siempre han gozado de más libertad que las chinas o indias, pero una mujer no alcanza la liberación espiritual sin pasar por una reencarnación masculina. Sólo hay una mujer considerada encarnación de una diosa, pero no puede vivir en el monasterio del que es abadesa, porque éste es masculino y para célibes. La poliandria, tradicional entre los tibetanos, fue prohibida por los chinos. En el gobierno en el exilio hay algunas mujeres ministras. Por ejemplo, la hermana menor del Dalai lama fue ministra de educación.
La medicina tradicional tibetana es una mezcla de prácticas diversas como acupuntura y fitoterapia. Los análisis de orina no sirven sólo para hacer diagnósticos, sino como método de adivinación.
Incluso Buda murió, dicen para demostrar la inevitabilidad de la muerte. Los tibetanos practican el yoga del buen morir. Creen que al morir y antes de reencarnarse, pasan por un estado llamado el bardo, intermedio entre las dos vidas. El Bardo Todol, libro tibetano de los muertos, contiene las palabras para guiar al difunto por el estado intermedio. La mayor aspiración de un tibetano es que en la hora de su muerte, un monje lea el libro junto a su lecho. Existe en occidente una versión a cargo del inefable Timothy Leary.

En el bardo se ven cosas así…
Los velorios duran a veces una semana. Los tibetanos practican los llamados funerales celestes: los cadáveres se descuartizan y se dan a comer a los buitres. En el documental vemos cómo procede un descuartizador profesional con el cadáver de una mujer. Son imágenes no aptas para estómagos sensibles (y no lo digo por mí).
Enlace a una página china de palacios y monasterios del Tíbet
Episodios anteriores:
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