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Agustín García Calvo: Diálogos de gente

La estafa de las Artes.

Se publicó en junio de 2004, pero lo estoy leyendo ahora. Se trata de la recopilación de los “dialoguillos”, tal como su autor los llama, escritos por Agustín García Calvo y publicados en el diario español La Razón desde Navidades de 2002 a Semana Santa de 2004. En total, 67 artículos donde el filósofo zamorano cambia su escritura de la habitual primera persona al diálogo, aunque siguiendo en su línea de pensamiento de siempre.

De los diálogos, que tratan de las materias más diversas, surge siempre el sentido común. Por debajo del discurso oficialmente establecido, la voz de lo que en nosotros queda de pueblo sigue diciendo: NO.

Como muestra, un fragmento del capitulillo 9, La estafa de las Artes:

-Tan ilustres y alabados esos cuadros y esculturas de artistazos que se venden a precios astronómicos, y que a mí no me sirvan más que para aburrirme, sin confesarlo, y para decir que he ido, que he estado, y hasta poner cara de entendida y de estar al tanto.
-Pues claro: para eso es para lo que sirven; bueno, y de paso, sí, hacer mucho ruido, mover mucho dinero y mucho nombre, que es de lo que se trata.
-Pero, Tuco, ¿cómo vas a decir que están equivocados todos los entendidos y los que organizan todo eso?, y que te esplican* el significado de esos alambres y manchas y grumos de argamasa, y que inauguran una nueva era o revolución de algo. No puede ser: será que yo me he quedado atrás, que no siento, que no entiendo…
-¡Eh, Felisa, alto!, no insultes a ese corazoncito, tan inteligente. ¿No recuerdas lo que decía aquél, “Si a usté le parece una mierda pinchá en un palo, es que es una mierda pinchá en un palo”? Hay que tomar aliento, niña, y ser valientes frente a todo ese armamento de mentiras.

* Según la particular ortografía de García Calvo.

Agustín García Calvo: Diálogos de gente (Editorial Lucina, 2004) 224 pág.

Les enlazo esta entrevista a Agustín García Calvo, de Enmanuel Lizcano y J.A. González Sainz, en la revista Archipiélago nº 1, El poder del discurso

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20 Comentarios en “Agustín García Calvo: Diálogos de gente
  1. Genial García Calvo. Siempre. Siempre. Yo no sabia que escribía en La Razón. ¿Lo sigue haciendo? No es un diario que lea, pero si es así, lo empezaré a leer.

    Un abrazo, cuate.

  2. chocoadicta dice:

    Yo tampoco sabía que escribiera en La Razón, no es un lugar donde hubiera esperado encontrarmelo pero bueno…seguir sus escritos siempre merece la pena

  3. La trayectoria de García Calvo por los distintos “rotativos” (como él dice) es una prueba de la intransigencia y la censura que impera en los medios de comunicación. Prescindieron de él en EL PAIS y más tarde en DIARIO 16, porque sus escritos eran “molestos”. Por ejemplo, su salida de Diario 16 fue debida a una crítica sobre el uso del Auto Privado (con mayúsculas honoríficas). Resulta que uno de los dueños de este periódico era una empresa automovilística (la FIAT de Agnelli, si no me falla la memoria) y prescindieron de su colaboración.
    Ha estado escribiendo en LA RAZON en los últimos años, concretamente una columna todos los miércoles, pero no estoy seguro si sigue, porque yo ese diario no soy capaz de comprarlo ni por leer a don Agustín.

  4. Gracias por la información, Brujo Don Carlos. Voy a empezar a husmear la Razón por internet. Igual sigue escribiendo, y merecería la pena leer la Razón sólo por eso.

    Un abrazo.

  5. dario dice:

    Me parece que de El País se prescindio de su colaboración (de muchos años) porque coloco una solicitud en el mismo de que sus lectores le diesen dinero para hacer frente a un pago que le exigía Hacienda, que le había pillado a raíz de una herencia de un caserón. El siempre había luchado contra Hacienda y había promovido que no se pagase, sobretodo había luchado contra la Idea de que “Hacienda somos Todos”. Los periodistas de El País se le echaron encima, únicamente le defendió Aranguren desde una carta al director. También este recibió sus críticas. No se le volvió a ver colaborar en El País.
    De lo de Diario 16 no sabía nada.
    En la Razón me parece que ya no publica más, lo hacía, una vez a la semana, en la sección “Otras razones”. Según tengo entendido ya no le piden que colabore más a raíz de una carta de un supuesto hijo de AGC (más bien pareciera que de el mismo), en la que se respetaba la ortografía “peculiar” del mismo (escribir como se habla, como dice el maestro), que trataba del del lenguaje común y del pueblo, y su uso frente al lenguaje pedante y culto. Esta vez se le echaron encima los lectores, desde las cartas al director, poniendo el grito en el cielo por mancillar la lengua de Cervantes escribiendo esplosión en vez de explosión o cosas por el estilo.

  6. Lo de El País fue tal como lo cuentas, Darío, aunque no estoy seguro si fue esa la razón de su salida. Puede que sí.

    Por supuesto García Calvo Jr. es él mismo y según he comprobado hace poco todavía publica una columnilla, aunque no recuerdo qué día de la semana.

  7. noe epifanio julian dice:

    Desde un país que la división política ha venido a llamarle Mexico, escribo.
    He leído a ¿Agustin Garcia calvo? como firma ultimamente, sólo sus libros del lenguaje y las lecturas presocráticas I y II que por poca fortuna han llegado por acá.
    Trato de contactar con alguien que lo lea en Europa. Si alguien se digna a escribirme , aquí les dejo -lo que ahora llaman y me causa risa y despierta la ira de los tiempos del régimen democrático- correo electrónico. ser_otro@yahoo.de

  8. Rosales dice:

    Hola a todo el mundo: voy por partes; desconozco si AGC sigue publicando actualmente en “rotativos”, no puedo informaros (no leo diarios, los odio como al resto de medios de comunicación). Lo cual no me hace perder contacto con el susodicho, puesto que después publica las recopilaciones de sus escritos en libritos, de la heróica editorial Lucina, a donde los pido, son baratos, pero aun así el dinero mejor gastado que siento hacer jamás. (Anímense: Editorial Lucina, Rúa de los Notarios 8, 49001-Zamora. T y Fax:980530910) En cuanto a la marcha de AGC del rotativo El País, en el libro “Avisos para el derrumbe” se esplica lo ocurrido, y es, en efecto, consecuencia de una serie de “Noes” que estaba publicando, gloriosos (para el pueblo) pero indigeribles para la “masa de individuos” o sea, la Mayoría (necesariamente idiota…) entre otros: “Tire su televisor”, “No celebre las fiestas”, “No se tueste, señora”, “No se declare a Hacienda (hay otros amores)”, y, por supuesto, el increíble “No se compre otro auto”, que fue el desencadenante de su marcha. Lo del asunto de hacienda surge también a raíz de ese “no se declare”, pero el anuncio (es para leerlo!!) que publicó pidiendo dinero fue un remitido, un anuncio pagado, como cualesquiera persona puede poner cualquier anuncio donde le de la gana, siempre que lo pague, y pidiendo el santo Grial si se le antoja… con todo, basta leer esos “Noes” para comprender que un sujeto así resultaba una “mosca cojonera” para el hipócrita Régimen que padecemos…
    “… el imperio del Popó (el coche) estaba fundado en un error, una estupidez, que es lo que sirve siempre de motor a la esplotación y la desgracia de las poblaciones: era la misma mala idea que ha sostenido todo el proceso del desarrollo Democrático, del cual el Auto Personal es el más eximio representante…”
    Y, para Noe Epifanio, de Mexico, si no puedes conseguir escritos de Agustín García Calvo, te añado este artículillo

    ÉRAMOS TAN FELICES… (AGC)

    2 de Noviembre de 1991. Queridos biznietos: a lo mejor vais a pensar vosotros, prendas de mi muerte viva, por el tono de las anteriores que os iba yo escribiendo, que es que en este mundo de donde os escribía, apestado de ideas, ajetreado en la producción de nada, en este mundo donde se cocía la ruina que entre vosotros ha estallado, nosotros, sus habitantes, teníamos que ser muy desgraciados: a lo mejor nos veíais ya crujiendo de dientes cada mañana, arrancándonos los pelos a puñados. Bueno, pues no. No quería yo que os engañarais en ese punto, y por eso me ponía a escribiros otra.
    Pues no: por el contrario, vivíamos muy felices; esto es, que nunca la humanidad había sido tan feliz como en nuestro tiempo: hablaban algunos de los fines del XIX y comienzos del XX, en el pleno florecimiento de la difunta dorada burguesía; pero vamos, os aseguro que ni color: nunca tan felices como lo éramos ahora, disfrutando de una paz de casi medio siglo, sin agobios ni miseria como los de antaño, pudiendo comprar de todo lo que queríamos, ir cómodamente de viaje a cualquier punto del globo que se nos antojara, comunicar unos con otros toda facilidad, Ya individualmente por fax o por teléfono, ya si¬multáneamente Por participación en las comunicaciones televisivas, facilitados nuestros justos anhelos de formar un hogar o subir por el ranking de cualquier empresa, incluida la política, disponiendo de los equipos más sofisticados de sanidad y de profilaxis, libres de trabajos degradantes y penosos, dotados de ingeniosos dispositivos para llenar el tiempo libre y para hacernos cultos, si lo deseábamos…
    ¿Cómo no íbamos, con esas condiciones y facilidades, a ser felices? Tendríamos que haber sido de un desagradecimiento de lo más negro.
    Ya entendéis vosotros, prendas, que os estaba hablado de la mayoría. Claro, de la mayoría: a ver cómo diablos se iba a medir, si no, la cantidad o densidad de la felicidad en un mundo, más que por la mayoría, por el cuánto de participación de las personas en la felicidad general, eso, en la felicidad de la mayoría. Y lo que importa es que la mayoría, tal como os lo contaba, era feliz, y más feliz que nunca.
    Y cualquiera, con un poco de buena voluntad, podía participar de la felicidad de la mayoría. Yo mismo, por ejemplo, ¿qué os creéis? Pues nada: más feliz que nunca: ni me detenían ya los policías por la calle ni me iban a buscar a la cama de madrugada desde hace no sé cuantos años, y era poco probable que se les ocurriera; ganaba sin trabajar un sueldo sustancioso; se me dejaba soltar por esta boca todo lo que me viniera y publicarlo sin ambages, como lo muestra la aparición en este diario de vuestras cartas; hasta las mujeres, aunque nada más fuera por mi vejez o su indiferencia, me trataban algo más piadosamente que en otros tiempos… A ver si no iba a ser feliz; o ¿qué coños andaba yo de¬seando o maquinando en este mundo?
    0 si no, a ver: ¿es que Platón mismo no le hacía bregar a su Sócrates en el Filebo con la idea de que placer no fuera otra cosa que la falta de males y dolores?: pues entonces, sin harpías, sin policías, sin trabajo, sin enfermedades, sin hambre, sin mordazas… ¿no va a ser eso felicidad?
    Os lo pregunto a vosotros, mis siempre niños, por si acaso seguís vosotros todavía al cabo de los siglos enredados en las mismas dudas sobre el asunto.
    Me diréis acaso, meneando las cabecitas, más desengañados que los prójimos presentes, que es que no hay nadie que sepa quedarse viviendo sólo de la falta: una falta de males, una mera negación de las miserias y las cadenas, sí, parece que es algo de¬masiado puro y claro para que podamos de veras disfrutar de ello; enseguida se nos aparece como un vacío, y vienen enseguida los males verdaderos, los del futuro (la cura metusque de Lucre¬cio, el miedo de perderlo, la preocupación por si seguirá mañana durmiendo a nuestro lado), a llenarnos el vacío; o sea, a llenarnos de miseria la felicidad.
    Pero, en fin, lo que yo quería era presentaros hoy el cuadro de nuestra felicidad con sus trazos precisos Y sus colores. Para lo cual, había que reconocer que, si bien lo propio de la mayoría era ser tan felices como os lo cuento, había también (sin duda os habrá llegado noticia de ello) una cierta cuantía de miseria y de desgracia alrededor y por en medio de la Mayoría, hasta el punto de que algún malintencionado podría decir que la mayoría sólo podían ser felices gracias al contraste con la miseria y la desgra¬cia que tenían alrededor y por el medio:
    las epidemias de hambre, los horrores de guerra y pestes por los países de las márgenes del mundo propiamente dicho, esos cuadros que la TV les metía por los ojos hora tras hora a sus clientes, sin duda para que, por el contraste, se sintieran más felices todavía; y luego, las hordas piojosas de los que escapaban de esas márgenes del mundo para venir a disfrutar (¿no eran también humanos?) de la felicidad de la mayoría; y luego, las bandas de descontentos metiendo acá y allá bombitas, a fin de procurarles ocupación y elocuencia a los ejecutivos del terror establecido; y luego, las bandas de los antidrogadictos (algo hay que ser), echándose a la calle con las banderas de la moral y de la higiene; y luego, estos pacientes míos, que ahora mismo subían reventando ascensores, a ver si los recibía y les echaba un poco de salivita sobre las llagas; en fin, la tira, ¿para qué voy a contaros?;
    y todavía tendría que irme hoy Día de los Difuntos, a los cementerios superpoblados, y añadir aún “Y los muertos”. A ver cuándo iba a llegarles a los muertos su revolución, a ver cuándo iban ellos a disfrutar de esta felicidad y alcanzar el alto nivel de muerte que les correspondía…
    Ya, ya me temo, ante ese rosario de miserias y penas que os contaba, santitos de mi descendencia, de qué manera estaréis queriendo entender la cosa: que era que la mala conciencia de tanta desgracia alrededor y en medio no nos dejaba a la mayoría decente disfrutar de nuestra felicidad.
    Bueno, pues no: ¿váis a ser todavía vosotros así de subjetivos, como dicen los filosofantes? Pues no: no era cuestión de nuestra conciencia (que para eso siempre hay curas), sino la cosa, la cosa misma.
    Por si acaso ahí, en medio del derrumbe, sigue esa confusión reinando, os lo repito: es que la moneda del rico tiene en sí misma la roña de los miserables; es que el precio del bollo, marcado en el bollo mismo, le cambia el gusto al bollo; es que la justicia de razón está en la forma y masa de la cosa; y así, la miseria del Tercer Mundo y la pus de los drogotas no hacía falta que la TV nos la enseñara: estaba aquí, en el Mundo Primero y en la loción solar de nuestras señoras: estaba en un cierto gustillo insípido y cadavérico que tenían los productos del supermercado, que tenía la felicidad de la mayoría.
    ¿Entenderéis vosotros esto, prendas, mejor que lo entendían mis contemporáneos?
    Todo venía de aquello que el otro día os explicaba: de habernos hecho laborar sobre el divorcio de público y privado.
    La verdad es que no hay felicidad de uno. El sujeto, como dicen los filosofantes, de la felicidad, o de la revolución, como se decía antaño, o de la vida, en fin, no es uno.
    No, no es uno: porque, para que uno sea uno, tienen que estar los otros; y así…
    ¿Qué?: ¿os entristece esto, viditas mías? ¿Queríais vosotros todavía ser cada uno de vosotros también felices?
    Pero, hombre, si de todos modos, ¿no sabéis que “la vida ya está perdida”? Pues ¿entonces?
    Bueno, pues eso: sea como sea, que no os armárais líos, eso es lo que quería: que supiérais que aquí éramos felices, muy felices, como nunca.
    Que os toque a vosotros algo diferente. Y para ello, por si de algo sirve, ahí van, desde vuestro pasado, mil cariños y besos, y salud.

  9. Rosales dice:

    Viva Agustin Garcia Calvo, o bueno, la “razón común” que habla por su boca. Salud y libertad.

  10. Rosales dice:

    (Del libro “37 ADIOSES AL MUNDO”, Agustín García Calvo, editorial Lucina, Rúa de los Notarios 8, 49001-Zamora, t. y fax 980530910)

    Adioses al mundo. 20 ¡ADIÓS, PUTAS Y SEÑORAS! ¡FEAS!

    Yo, que sólo vivía por ellas, para ellas, en ellas, junto a ellas, contra ellas, gracias a ellas, por el zumo y el vaho de ellas, ¿cómo voy a vivir sin ellas? No, no puede ser: eso es mi muerte Y, sin embargo, el ver cada día en qué me las han convertido, novias del Señor, novias del Dinero, ejecutivas de la Administración, ejecutoras de mi corazón, es una pesadumbre tal que casi ya la estoy llamando a mi siempre futura para que me libre de verlas (a la mayoría, claro: a todas nunca) reducidas a tal vileza y conformidad, casándose y vendiéndose a cada paso y hasta poniendo a veces cara de creer que se han vendido bien, que no se han vendido mal del todo; y el liberarme de esa pesadumbre, sin más tener que pelear con ese engaño en los corazones y restos de inteligencia, eso, así me cueste los rabos de vida que me queden, se me antoja… no una felicidad, pero un descanso tan profundo…

    ¡Si vosotras érais el susurro secreto de la vida!, esas piernas que se perdían en las nubes, esos ojos que dejaban un guiño de bondad en el aire a la vuelta de cualquier esquina, eso de sentiros sentir de lo más hondo y no saber qué hacer con lo que sentíais… Érais vosotras más pueblo que nadie (¿no fue al someteros los Hijos del Señor a Su Ley como empezó esta desgraciada Historia?), érais vosotras la riqueza, más que todos los tesoros de las minas y los mares. Y vosotras ¿habéis venido al cabo de los tiempos a someteros a la Ley del Hombre, ya voluntariamente (con la mayoría de vuestra alma), a aceptar (la mayoría) el sustituto de felicidad que os proponía el Hombre?, ¿habéis venido a vender vuestra hermosura y gracias sin cuento al Dinero del Estado de los Hombres? Ah, sí: por más que me abrume y me destroce, tengo que reconocerlo: os habéis vendido, os estáis vendiendo en todos los Mercados.

    Y no digo sólo las que, con motivo de estar apetecibles para Señor o de ser muy pobres o de juntas las dos cosas, os hayáis echado al puterío profesional, ya arrinconadas a la caza del auto o ya consoladoras finas de Ejecutivos en Congreso, ni tampoco sólo las que os vestís de tul ilusión en las Tiendas de Novias, felices de venderos (pero en cuerpo y alma) a un ganapán o, según los posibles, a un mafioso, a un guardia, a un banquero, que os asegure la vidita y a cambio le gestionéis las compras de la casa, ni sólo las que vendéis vuestros encantos en videos más o menos pornográficos o portadas de revistas para hombres, como si fuera (como lo es, sólo que el producto era el cuerpo desconocido que os creíais, idiotas de vosotras, que era vuestro y hacíais con él lo que queríais) un negocio como cualquier otro; ah, no: me doléis también las que os ponéis al servicio de un Jefe de oficina del Capital o del Estado o lo mismo, en la Empresa Doméstica, al de un Marido, y le obedecéis sumisas y diligentes, o, cuando no podéis ya más y algo en vosotras se os rebela, os lanzáis contra el infeliz que os ha tocado en suerte, a insultarlo y reclamarle y hacer en él justicia, confundiéndolo al triste de él con el Dinero y Poder al que os habéis vendido; y me doléis más todavía las que, en el sumo progreso de la idiocia, imitáis al Hombre y os hacéis ejecutivas de Dios y vivís en la ilusión de que habéis conquistado un tanto de poder, y discutís como ellos de autos o fútbol o política y hasta vais a votar, vive Dios (¿no conquistaron el derecho vuestras bisabuelas?), olvidadas de que el Poder (y la justicia) es masculino, y que es Él el que os compra y os maneja.
    Así, desventuradas, ¿qué vamos a hacer, si en vosotras estaba el aliento del pueblo sometido y en vuestros ojos el desvela¬miento de la mentira de la Realidad?
    Ya sé que no sois todas; pero tantas (feas, la Mayoría) que me desesperáis, que me matáis lo que de mujer latía en mí y me alentaba para seguir en esta guerra.

    Así que ahí os dejo, a que os hagáis muchas y muchas las pocas de vosotras que despierten y sientan lo que hacen con ellas, lo que ellas hacen. Y, de momento, permitid que me consuele un poco de mi siempre-futura muerte, agradeciéndole que me libere al menos de esta pena y tristeza de ver cómo os vendéis al Amo, oh Mayoría de las Hijas de Eva y de la Virgen.

  11. Arturo dice:

    Lo que también hace Agustín es reunirse cada miércoles en el Ateneo de Madrid, con un grupo siempre cambiate de personas, para realizar lo que se ha dado en llamar “tertulias políticas”. Yo he conseguido descargar algunas grabaciones de ellas a través de emule, y un montón de transcriciones. También circulan por ese medio unas pocas grabaciones del programa que hace tiempo se hacía en la extinta raido 3 ¿Alguien sabe cómo hacerse con todas estas grabaciones?

  12. manuel dice:

    Creo tener todas o casi todas las grabaciones de los programas que hizo en radio 3, las escuchaba y grababa al mismo tiempo, porque AGC tiene miga. El problema es que las tengo grabadas en cintas magnetofonicas y no se como poder pasarlas a formato digital para compartirlas. Si lo consigo vemos como publicarlas. Me alegra saber que mantiene su ateneo. Aun recuerdo sus encuentros organizados en Granada por las Jornadas Libertarias en la Casa de Porras de la Universidad de Granada. Ahora vivo en Almeria y le he perdido toda la pista.
    Saludos

  13. manuel dice:

    http://www.archive.org/details/agustin-garcia-calvo_arte Aqui os dejo un archivo que he encontrado de esos programa de Pensamiento 3 de radio tres. En este caso sobre el arte. Lo podeis descargar de ahi.
    Saludos

  14. manuel dice:

    http://dabolico.blogspot.com/2005_11_01_archive.html Increible. cuando uno se pone a buscar por estas ventanas encuentra cosas maravillosas. En ese vinculo encontrareis muchos de los archivos sonoros de pensamiento 3.
    Saludos

  15. Rosales dice:

    Hola Manuel: Hay muchos programas para pasar sonido en cintas o vinilos a mp3 o wave, por ejemplo el famoso Nero. También necesitas un cable para conectar tu equipo de sonido al ordenador; este cable tiene que tener una clavija “jack” en cada extremo (una clavija como la de los cascos corrientes, si eres un poco manitas es fácil hacerla) y con ese cable conectas el reproductor de audio a la entrada “line” de tu pc, y con el programa lo grabas… no es difícil. Lo ideal es que luego conviertas esos archivos de audio en formato mp3 con pocos “kbps”, 80 sería suficiente, para que ocupen poco y sea fácil bajarlos… y por último los cuelgas en el emule o el limewire… mejor en el emule, en la carpeta “incoming”, si tienes dudas sobre algo de todo esto, seguro que tienes a mano a alguien que entiende de todo esto y te las pueda resolver, nada de todo ello es demasiado complicado. Suerte!!! A.G.C. forever!!!

  16. manuel dice:

    Gracias Rosales. Ya veo como hacerlo. Con emule tengo problemas, no me conecta con el servidor desde hace rato. A otros de Almeria les sucede lo mismo. Ahora uso Ares para descargar archivos. Cuando tenga resuelto lo de la digitalizacion resolvemos como colgarlo.
    Salud.

  17. Lima dice:

    La sala del Ateneo donde hace las tertulias todos los miercoles se llama “la cacharrería” Don Agustín tiene la capacidad de convertir cada encuentro en algo irrepetible.

  18. Silvia dice:

    Hola, Agustín García Calvo tiene ya página en la Web, por si desean visitarla:
    http://www.editoriallucina.es

    gracias!

  19. Muchas gracias, Silvia. En este blog se aprecia mucho a don Agustín.

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