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Alberto Ávila Salazar: Iluminada

La historia de una mujer transformada por una visión.

Alberto Ávila Salazar: Iluminada

Alberto Ávila Salazar: Iluminada (Eolas Ediciones)

Iluminada, tercera novela de Alberto Ávila Salazar, tras la exitosa Lo que dicen los dioses, cuenta la historia de una mujer, Clara, que aparece de forma intermitente en la vida de Alberto, el narrador, el cual va construyendo la vida de ella a partir de esas apariciones.

Clara, antigua compañera de clase de Alberto en la Facultad de Derecho, es una abogada que ejerce con brillantez su profesión hasta que un día, a los 34 años, sin razón alguna y de forma espontánea, se transforma en una “iluminada”, es decir, alcanza a conocer la verdad del universo. Esta experiencia solo le servirá para terminar en el psiquiatra y ser diagnosticada como enferma mental. Ella considera a Alberto como la única persona capaz de comprender algo su situación.

Como en su primera novela Todo lo que se ve, que mezclaba la narrativa con otros géneros, el autor no se conforma con contar una historia, ya que esta Iluminada tiene mucho de reflexión sobre ella misma y sobre la literatura en general. Estamos ante una metanovela, en la que el personaje de Clara se crea a sí mismo durante sus conversaciones con el narrador (identificado con el autor).

Podemos encontrar numerosos referentes en la literatura española. Por ejemplo, en Niebla, de Unamuno, el protagonista, Augusto Pérez, se presenta en casa del escritor en busca de una explicación de su propia existencia, pero no consigue sino constatar que su vida de personaje de ficción está en manos del autor que le ha creado. En Fragmentos de apocalipsis, de Gonzalo Torrente Ballester, un personaje habla con el narrador para sugerirle algunos cambios en el texto. Javier Marías publicó una ¿novela?, Negra espalda del tiempo, basada en sucesos (supuestamente reales) acontecidos alrededor de la escritura y publicación de su célebre Todas las almas.

En Iluminada el lector asiste al mismo tiempo al desarrollo de la vida de Clara y a la construcción del personaje, a la narración de una historia y a su making off, por emplear el término cinematográfico. La propia novela nos cuenta su gestación, la razón de su propia existencia, nos muestra sus entrañas de forma casi obscena, como la foto que Clara envía por Whatsapp a Alberto. Paralelamente, el escritor/narrador nos habla de su propia experiencia vital en los intervalos entre las apariciones de la chica.

Iluminada es una obra autorreferencial que nos lleva al lugar en el que nace la literatura y sin embargo, a diferencia de otras obras de las mismas características, no hay en ella complejidades intelectuales ni juegos literarios gratuitos y la novela se lee con la misma facilidad que un best-seller. Para el lector, el hecho de que Clara -con otro nombre- exista o no, es lo de menos. Es un personaje que exige al autor que le dé vida y que su historia sea contada.

Alberto Ávila Salazar se desenvuelve a las mil maravillas en el resbaladizo terreno de la experimentación y la mezcla de géneros. Hay que agradecerle ser uno de esos escritores que abre los caminos que en un futuro recorrerá la literatura. O no. El tiempo lo dirá.

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Ricardo Vigueras: No habrá Dios cuando despertemos

VIII Premio Tristana de Novela Fantástica.

Ricardo Vigueras: No habrá Dios cuando despertemos

Ricardo Vigueras: No habrá Dios cuando despertemos

En No habrá Dios cuando despertemos la narración transcurre en un aeropuerto, el Aeropuerto, tan inmenso que nadie conoce del todo su forma y dimensiones, ni siquiera los miles de burócratas que trabajan en él. Los viajeros, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, personas de toda clase y condición, deambulan por sus innumerables terminales en espera de que las pantallas anuncien su vuelo, el único y definitivo vuelo que habrá de llevarles a un lugar desconocido para ellos. Algunos llevan años esperando y no están seguros de que su número clave -tatuado en su muñeca como la marca del Apocalipsis- se anuncie alguna vez en los monitores. A los que logran emprender el viaje nadie los ha vuelto a ver. Nadie ha podido ver tampoco un avión en vuelo.

En apariencia, el Aeropuerto no se diferencia mucho del mundo cotidiano: hay bares, servicios públicos, tiendas de recuerdos… pero nadie atiende los comercios, no hay camareros que te sirvan un café y al abrir el grifo no sale agua sino una risa sarcástica. Es un lugar que imita a la vida, pero no es la vida, un simulacro, un infierno hiperreal por cuyos pasillos y dependencias podríamos encontrar deambulando al mismísimo Baudrillard. Y por supuesto, a Kafka.

“Hoy nada puedo confirmar, salvo que existe un universo completo allá adentro incapaz de ser gobernado por cualquier dios o demonio por grande que sea”

Los transeúntes del Aeropuerto no duermen ni sueñan, aunque a veces tengan la sensación de que realmente han soñado porque durante un breve período han logrado asomarse a su vida pasada. Sin embargo, “en el Aeropuerto la vida cotidiana constituye el sueño”.

Como ya demostró en sus anteriores novelas, Ricardo Vigueras es un excelente constructor de universos literarios. En el caso de esta novela se trata de un inquietante aeropuerto cuya extraña configuración va descubriendo el lector mientras acompaña a Victorio y Amanda, un español y una mexicana que han resultado “elegidos”, lo que significa que ambos cuentan con un billete para embarcar en un vuelo hacia lo desconocido. Pero poseer un billete no les garantiza nada, ya que encontrar la terminal de su avión, la señalada con la letra V, no resultará tarea fácil. Junto a ellos recorremos los infinitos pasillos, las extrañas terminales y las dependencias donde flemáticos funcionarios que hablan al estilo Yoda gestionan trámites y procedimientos cuyo verdadero objetivo no descubriremos hasta el último capítulo.

Los protagonistas de esta novela se suman a la larga lista de visitantes del inframundo que la Literatura nos ha dado. Victorio es un Ulises de ultratumba tratando de llegar a una Itaca cuya existencia conoce solo por las referencias de los funcionarios. En lugar de cíclopes o sirenas, el héroe se enfrenta a burócratas diabólicos que, aunque en teoría tengan la misión de ayudarlo, retrasan su partida o incluso tratan de impedirle abordar el avión. Como en la Odisea, el viaje interior va paralelo al exterior y como Ulises en la isla de los lotófagos, Victorio se repite una y otra vez que “lo importante es no olvidar”. En cambio a Amanda le corresponde más bien el papel de la Eurídice de Orfeo, aunque con una vuelta de tuerca que nos sorprenderá al final de la novela. La relación de esta pareja de almas errantes es muy poco convencional y es uno de los puntos fuertes de la novela ¿Cabe el amor en el Aeropuerto?.

No habrá Dios cuando despertemos podría interpretarse también como un manual de instrucciones para no perderse en el Aeropuerto, como el Bardo Todol, el libro de los muertos tibetano, pero adaptado a nuestros tiempos y mucho más ameno.

Estamos frente a una de esas obras que enganchan, pero no solo por la intriga de saber cuál será el destino de la pareja protagonista, sino también porque a lo largo de sus páginas el lector va descubriendo un mundo insólito, el Aeropuerto, perfectamente retratado por la prosa sencilla y brillante de un autor que maneja hábilmente el tiempo y el espacio, introduciendo algunos flashbacks que no interrumpen el hilo de una narración salpicada de detalles de humor.

Ricardo Vigueras es un escritor murciano residente en Ciudad Juárez, por lo que no sorprende que No habrá Dios cuando despertemos sea una novela a la vez mexicana y española, como sus dos protagonistas, Amanda y Victorio.

La muerte tiene una consideración muy especial en la cultura de México, incluso desde época precolombina. Se ha dicho que los mexicanos conviven con los muertos de la forma más natural. En alguna región del país azteca es costumbre instalar “altares de muerto” que sirven para dar la bienvenida a los difuntos que de cuando en cuando llegan de visita desde el Aeropuerto, digo desde el Más Allá.

El carácter español de la novela le viene dado, claro está, por la burocracia. En un Aeropuerto probablemente inspirado en la T4 del Adolfo-Suárez-Madrid-Barajas, los protagonistas se pierden en las instalaciones o son desorientados una y otra vez por los infernales trámites. Y es que de los burócratas no te libras ni en el Otro Mundo.

No habrá Dios cuando despertemos es una distopía de ultratumba destinada a convertirse en un clásico de la literatura fantástica.

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Cinco años del 15M

15M sol

Hoy hace cinco años que (algunos) salimos a la calle para pedir Democracia Real y el movimiento que ya se venía gestando desde unos pocos años atrás fue bautizado como 15M. Para celebrar la efemérides he reunido algo de material y con ayuda de Storify lo publico aquí.

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De Orfeo a David Lynch

Mito, Simbolismo y Recepción. Ensayos y ficciones.

De Orfeo a David Lynch

De Orfeo a David Lynch: Mito, Simbolismo y Recepción. Ensayos y ficciones (Escolar y Mayo, 2015)

Dice el Tao-te-king: “Treinta radios convergen en el centro de una rueda, pero es su vacío lo que hace útil al carro”. Puede parecer extraño comenzar la reseña de un libro sobre Orfeo con una cita taoísta, pero no se me ha ocurrido otra imagen más apropiada para describir esta obra en la que quince autores parten desde lugares y perspectivas muy diferentes, y en algunos casos diametralmente opuestas, para aproximarse al mito de Orfeo.

Orfeo es un personaje de la mitología griega, poeta y músico, llamado por Píndaro “el padre de los cantos”. Se le considera el inventor de la cítara y era capaz con su música de calmar a las bestias, mover las rocas y cambiar el curso de los ríos. Formó parte de la expedición de Jasón y los Argonautas en busca del Vellocino de Oro y gracias al tañido de su lira los tripulantes del Argo lograron escapar a los cantos de las Sirenas.

Su esposa Eurídice murió al ser mordida por una serpiente. Pero el amor de Orfeo hacia ella le dio fuerzas para descender a las cavernas donde moran los muertos a buscarla. Sorteando numerosos peligros gracias al poder de su música, llegó ante al dios Hades y logró convencerle para dar otra oportunidad a Eurídice. El dios del inframundo dejaría marchar a la mujer con una condición: Orfeo no podría mirarla hasta que ambos estuviesen arriba a la luz del sol. La pareja emprendió el camino de regreso durante el cual Orfeo no volvió la cabeza ni una sola vez para mirar a su amada. Sin embargo al llegar a la superficie, bien por impaciencia o por designio de los dioses, miró a su esposa cuando ella aún tenía un pie en la sombra. Eurídice fue tragada de nuevo por las tinieblas, esta vez para siempre.

Orfeo no volvió a relacionarse con mujeres y fundó el culto conocido como misterios órficos, exclusivo para hombres. Sobre su muerte hay distintas versiones, pero las más interesantes son las que coinciden en que fue asesinado por un grupo de mujeres y su cuerpo despedazado y arrojado al río Hebro, junto con su lira. Su cabeza siguió cantando mientras flotaba en el agua. Zeus tomó su lira, la elevó al cielo y creó la constelación que lleva el nombre de ese instrumento.

Los autores de De Orfeo a David Lynch se aproximan al mito y, desde diferentes puntos de vista, estudian sus características, como la presencia del tema del descenso al infierno o las cualidades de chamán del héroe. Pura Nieto destaca su extraordinario poder musical y su relación con la muerte.

Otros autores rastrean los antecedentes del mito y las relaciones de Orfeo con otros personajes de la mitología griega, como Odiseo y Dioniso, y también de la cristiana, especialmente con Jesús de Nazaret: Orfeo como prefigura de Cristo, según Fernando R. de la Flor.

David Konstan considera a Orfeo un iniciado fracasado, ya que regresa con las manos vacías de su viaje al otro mundo. Para Hugo Magenis es un ejemplo de cómo los viejos dioses sanguinarios fueron civilizados.

La relación entre el héroe y las mujeres es analizada por Pilar Pedraza, que recorre varias obras literarias y cinematográficas en las que el personaje aparece como soltero, esposo o viudo.

Varios de los artículos presentan a Orfeo tal como ha sido tratado por la literatura de autores como Maurice Blanchot, Cesare Pavese, Giusseppe Tartini o Victor Hugo. De este último autor nos habla Alberto Ávila Salazar, especialmente sobre la cabeza de Orfeo, que siguió hablando y cantando una vez separada de su cuerpo, circunstancia que recuerda al poema de Hugo Lo que dice la boca de sombra.

El recorrido de Orfeo en el cine va desde Cocteau a Marcel Camus, terminando con un curioso relato a cargo de Alberto Ávila Salazar, un mano a mano entre David Lynch y Werner Herzog.

Para Katia Hay el viaje de Orfeo al inframundo es solo un sueño del que despierta cuando pierde de nuevo y para siempre a su amada Eurídice, que en realidad siempre estuvo muerta. Al fin y al cabo, como apunta Iury Lech, entre Orfeo y Morfeo no hay más que una letra de diferencia.

Es habitual en los libros colectivos leer algunos artículos y dejar otros de lado pero en este caso si se quiere tener una idea cabal del mito de Orfeo hay que leerlo entero, ya que unos textos complementan a otros en su aproximación hacia el centro, el “vacío que hace útil al carro”.

De Orfeo a David Lynch
De Orfeo a David Lynch: Mito, Simbolismo y Recepción. Ensayos y ficciones (Escolar y Mayo, 2015)
Autores: Fernando Broncano (editor), David Hernández de la Fuente (editor), Pura Nieto, David Konstan, Fernando R. de la Flor, Carlos García Gual, Javier Moscoso, Pilar Pedraza, Ernesto Pérez Zúñiga, Alberto Ávila Salazar, Hugo Castignani, Katia Hay, Hugo Magenis, Frank G. Rubio, Iury Lech.

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