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Spirit: ¿Pero dónde está el guionista?

El día que casi logran matar definitivamente a Spirit

The Spirit

Recién llegado del cine de ver The Spirit, leo en un artículo de Carlos Rehermann en la Henciclopedia lo siguiente:

“¿Por qué los empresarios se empeñan en producir sistemáticamente malos guiones?

Para Mamet, la clave está en los mecanismos de producción, en particular en el modo de selección de los guiones.

Sostiene que los grandes estudios contratan lectores especializados de guión, que suelen vivir aterrorizados ante la idea de recomendar algo que luego no funcione. Utilizados por los ejecutivos como filtros, los lectores son el punto débil del sistema; tienen una responsabilidad desmedida, y los guionistas profesionales lo saben. Los guiones que leen, por tanto, están escritos para lectores profesionales, y no para hacer películas, porque su función no es la de servir de guía para la realización, sino la de convencer al lector de que ese guión no pone en riesgo su trabajo.”

Tal vez lo que dice el escritor David Mamet sea la causa de que ya no haya manera de ver una película con buen guión, en especial, si pertenece al género de acción, aventuras, superhéroes, etc. Aunque tampoco si se trata de un drama o comedia. Estoy harto de ver películas que no cuentan nada, que carecen de un hilo narrativo, películas en las que los personajes van y vienen sin que el espectador sepa el porqué.

No digo ya que los personajes sean planos, que no tengan ninguna profundidad psicológica, sino que en ocasiones -como en el caso de Spirit- ni siquiera tienen un objetivo, elemento fundamental para poner en marcha la acción narrativa. Sólo corren y saltan y luchan y se disparan y se acuchillan, en un disparatado correcalles sólo interrumpido por diálogos y hasta monólogos carentes de sentido, y después de más de hora y media, cuando uno ya empieza a pensar que la pesadilla podría alargarse indefinidamente, se agradece que el director haya decidido terminar la película.

La narración ha sido sustituida por la acción y la estética. Todo lo contrario de lo que Will Eisner habría querido que hicieran con su más célebre personaje.

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