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Ida Pfeiffer

Dió la vuelta al mundo dos veces y vivió entre caníbales y cazadores de cabezas

Ida Laura Pfeiffer
Foto: Wikipedia

“En tanto busco en vano algún epíteto que caracterice con justicia su extraordinaria disposición a la aventura, me viene a la cabeza, por ejemplo, que en las proximidades de Río de Janeiro se defiende de un peligroso atracador a paraguazos; alimenta a la rata que acude cada noche a pasearse por su cara mientras duerme en el infecto camarote de un velero; flota menos que un yunque y se aventura a atravesar un caudaloso río agarrándose a las ramas de un banano; unos bandidos kurdos que tratan de asaltarla en Persia terminarán por ayudarla a que plante el campamento…” (Fernando Pérez Barber en el prólogo del libro ‘Viaje de una mujer alrededor del mundo‘ de Ida Pfeiffer)

Ida Laura Pfeiffer (Ida Reyer de soltera) nació en Viena (Austria) en 1797. Era la única hija de un adinerado comerciante, el cual le dió la misma educación que a sus cinco hermanos varones. Ida vestía ropa de niño y compartía los juegos de sus hermanos, cosa que no gustaba a su madre, por considerarlo inapropiado para una chica y sin valor en su educación futura.

Ida tenía casi diez años cuando su padre falleció y su vida dio un giro radical. Su madre la obligó a vestirse de chica y comenzó a educarla en tareas domésticas y a aprender a tocar el piano.

En 1809 Napoleón invadió Austria y la Sra. Reyer se vio obligada a alojar funcionarios franceses en casa. Ida odiaba a los franceses y años más tarde escribiría que habría deseado ser un soldado para expulsarlos de su casa y de su país. Tenía doce años cuando su madre la obligó a asistir a la entrada triunfal de Bonaparte en Viena. Ida se negó a mirar el desfile y recibió un bofetón de su madre quien la hizo ponerse de pie y mirar hacia adelante, a Napoleón. Ida respondió cerrando los ojos para no ver a quien detestaba.

Su madre contrató a un tutor privado para su educación y así Ida aprendió francés, italiano, costura, bordado, cocina y dibujo. Cuando tenía diecisiete años se enamoró de un joven profesor de piano y fue correspondida por él. Llegaron a hacer planes para casarse, pero la madre de Ida no tenía ninguna intención de que su hija se casara con un don nadie, sino con alguien con dinero y poder, así que impidió a la pareja volver a verse. Presionada por su madre, aceptó casarse con un tal doctor Pfeiffer, del que se desconoce su nombre de pila. Tenía entonces veintidós años.

Pfeiffer, mucho mayor que ella, era un alto funcionario del Gobierno austríaco. Se traladaron a vivir a Lemberg y tuvieron dos hijos. El destino de Ida daría un nuevo giro cuando su esposo denunció una serie de delitos cometidos por algunos de sus compañeros. Estos fueron detenidos y procesados, pero la carrera funcionarial de Pfeiffer acabó aquí; fue tratado de traidor por sus compañeros y considerado un espía; perdió su trabajo. Ida se vio obligada a dar clases de piano y de dibujo para mantener a la familia y pasó de una vida de lujo a la pobreza en un breve periodo de tiempo.

El Sr. Pfeiffer enfermó y quiso ir a vivir a Lemberg con el hijo mayor de su primer matrimonio. Ida se separó amistosamente de su marido en 1835 y se trasladó con los dos chicos de regreso a Viena. En 1842, sus hijos habían creado sus propios hogares y, libre de todas las obligaciones familiares, Ida decidió empezar a viajar.

Ida Laura Pfeiffer
Foto: Wikipedia

Ida eligió Tierra Santa como su primer destino por dos razones: en primer lugar, era una mujer religiosa y siempre había querido ver la tierra donde Jesús nació, vivió y fue crucificado. En segundo lugar, una mujer que viaja sola es mucho menos probable que reciba críticas si va a Tierra Santa, destino aceptable para la respetabilidad de los cristianos. Ida era consciente de los riesgos que asumía al viajar sola y redactó su testamento antes de partir. Tenía entonces 45 años. Como no le sobraba el dinero se propuso viajar dentro de estrictas limitaciones económicas, lo que sería una constante en su vida, hasta el punto de que en el prólogo de la edición española de uno de sus libros la consideran “la primera mochilera de la historia”.

Ida tomó un vapor en Viena para navegar por el Danubio a través de Hungría, luego por el Mar Negro hasta llegar a Constantinopla (hoy Estambul). Constantinopla era entonces una mezcolanza de influencia bizantina e islámica, el arte y la cultura europeos se mezclaban con el aspecto turco-musulmán de las mezquitas, los derviches, el idioma y las tradiciones. El cruce desde el lado europeo al asiático lo realizó Ida en un kayak.

La siguiente etapa del viaje la llevó a Beirut. Allí encontró “el calor agobiante, la tierra seca y baldía por la falta de agua, y perros vagabundos por todas partes” (Los textos de Ida Pfeiffer se caracterizan por su espíritu crítico hacia todo lo que va conociendo). Las ciudades de Tiro, San Juan de Acre y Jaffa también formaron parte del recorrido. Una vez en Palestina, visitó los lugares por los que había pasado Jesús: Jerusalén, Getsemaní, el Calvario, Belén, Nazareth, el Mar Muerto, el Mar de Galilea, el Jordán y el desierto del Sinaí.

Continuó su ruta hasta Damasco, pasando por las ruinas de Baalbeck. En agosto de 1842 alcanzó Alejandría, en Egipto. Un día más tarde estaba en El Cairo visitando las pirámides. En octubre llegó al puerto de Nápoles, tras una breve parada en Sicilia.

Después de diez meses en la Tierra Santa, regresó triunfal a Viena, con notas de sus experiencias y planes para una nueva excursión. Su siguiente destino iba a contrastar con el calor del desierto de Oriente Medio: la tundra helada de Islandia, los fiordos de Noruega y los alrededores de Estocolmo. Este nuevo viaje lo financió con las ventas de su libro Reise einer Wienerin in das Heilige Land.

A diferencia de otros viajeros a la Islandia de la época, Ida viajó sola y con un presupuesto limitado. Utilizó como medio de transporte el carro de caballos y vivió como los islandeses. En su libro Reise nach dem skandinavischen Norden und der Insel Island se quejó de que la población local era ruda, sus hogares sucios y sus comidas, compuestas principalmente de avena y pescado, aburridas. Después de seis meses, regresó a casa. Trajo muestras de plantas y rocas, que había recogido en Islandia, para venderlas a los museos.

Ida Laura Pfeiffer
Edición inglesa de su viaje a Islandia

En 1846 encontramos a Ida en Río de Janeiro decidida nada menos que a dar la vuelta al mundo. Desde su mentalidad de ama de casa victoriana, encontró a los indios salvajes y primitivos e inferiores a ella. En Tahití, se escandalizó ante las liberales costumbres sexuales de las nativas. Los chinos tampoco le cayeron bien, en cambio apreció el ascetismo de los hindúes. Permaneció siete meses en la India, viajando casi sin equipaje, y alimentándose de arroz, pan, agua y sal.

Llegó a Mesopotamia, y en Bagdad se unió a una caravana de camellos para cruzar el desierto, vía Mosul, hasta Tabriz, en Persia. En otra caravana llegó hasta Rusia. Después de andar tanto tiempo entre infieles estaba deseando volver a encontrarse en un país cristiano, sin embargo, a poco de llegar fue arrestada como sospechosa de espionaje. Escribió: “¡Oh, buenas gentes árabes, turcas, persas, indias! Con que seguridad atravesé vuestras tierras paganas e infieles; y aquí en la cristiana Rusia, cuánto he tenido que sufrir en tan poco tiempo.”

Demostrada su inocencia, pudo continuar viaje hacia Turquía, Grecia e Italia, y regresó a casa en noviembre de 1948. La publicación de Eine Frau fährt um die Welt la hizo famosa. Hay edición en castellano de este libro: Viaje de una mujer alrededor del mundo (Ed. Barrabes).

Ida Laura Pfeiffer
Viaje de una mujer alrededor del mundo

En 1851, Ida parte de nuevo a la aventura con 100 libras esterlinas como todo recurso. Después de navegar desde Londres hasta Ciudad del Cabo, continúa a Singapur y Borneo. Pasa seis meses en Borneo, viajando a través de la selva tropical casi impenetrable. Haciendo caso omiso de las advertencias de los occidentales, se va de visita a la tribu de los dayakos, conocida por su afición a coleccionar cabezas humanas. Sorprendentemente, a Ida le gustan los dayakos. Los admira. Escribió: “Me estremeció, pero no pude dejar de preguntarme si, después de todo, nosotros, los europeos no somos realmente igual de malos o peores que estos salvajes despreciados. ¿No está cada página de nuestra historia llena de horribles actos de traición y asesinato?” Y añadió: “Me gustaría haber pasado más tiempo entre los libres dayakos, tal como los he encontrado, sin excepción, honestos, afables y modestos en su comportamiento. Podría situarlos, en estos aspectos, por encima de cualquiera de las tribus que he conocido”.

Su siguiente parada es en Sumatra, Indias Orientales Holandesas (actual Indonesia). Una vez más, haciendo caso omiso de sus conocidos europeos, se propone visitar la tribu batak, que son caníbales y que nunca habían permitido que un europeo pisara su territorio. Los batak la tratan como una curiosidad y ella va pasando sin problemas de una tribu a otra. Ida se sintió menos a gusto con los batak cuando empezaron a hacerle un gesto característico de que querían matarla y comérsela. Ella se asustó, pero hizo una broma, diciendo en el idioma batak que era demasiado vieja y difícil de hacer con ella un buen plato. Esta ocurrencia les divirtió y la dejaron marchar. Fue la primera persona que sobrevivió para informar sobre la forma de vida de los batak.

Ida Laura Pfeiffer
Foto: Wikipedia

Ida navega hasta San Francisco y en América del Sur visita los Andes. Regresa a casa después de cuatro años de ausencia. Su nuevo libro, Meine zweite Weltreise (Mi segundo viaje alrededor del mundo) se convierte un best-seller.

Ida fue elegida miembro de las sociedades geográficas de Berlín y París, pero la Royal Geographical Society de Gran Bretaña se negó a admitirla por ser mujer.

Aún le quedaban energías para otro viaje. Se fue a Madagascar, en la costa de África. Pero poco después de su llegada, se encontró presa acusada de participar en un complot para derrocar a la reina Ranavalona. Finalmente, fue puesta en libertad. Sin embargo, cayó víctima de una enfermedad tropical de la que no se recuperó. Ida Pfeiffer murió en Viena en 1858. Sus notas de este viaje se publicaron como Reise nach Madagascar.

Hay algunas obras de Ida Pfeiffer en inglés en Proyecto Gutenberg: (http://www.gutenberg.org/author/Ida_Pfeiffer)

Los datos sobre la vida y viajes de Ida Pfeiffer para este artículo han sido tomados de Colorado State University (http://chass.colostate-pueblo.edu/history/seminar/pfeiffer/pfeifferpaper.htm) y Distinguished Women of Past and Present (http://www.distinguishedwomen.com/biographies/pfeiffer.html)

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2 Comentarios en “Ida Pfeiffer
  1. clara dice:

    Me ha encantado¡
    conocer la vida de Ida Pfeiffer,cuenta con que mis visitas van a ser asiduas. BS