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Ricardo Vigueras: No habrá Dios cuando despertemos

VIII Premio Tristana de Novela Fantástica.

Ricardo Vigueras: No habrá Dios cuando despertemos

Ricardo Vigueras: No habrá Dios cuando despertemos

En No habrá Dios cuando despertemos la narración transcurre en un aeropuerto, el Aeropuerto, tan inmenso que nadie conoce del todo su forma y dimensiones, ni siquiera los miles de burócratas que trabajan en él. Los viajeros, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, personas de toda clase y condición, deambulan por sus innumerables terminales en espera de que las pantallas anuncien su vuelo, el único y definitivo vuelo que habrá de llevarles a un lugar desconocido para ellos. Algunos llevan años esperando y no están seguros de que su número clave -tatuado en su muñeca como la marca del Apocalipsis- se anuncie alguna vez en los monitores. A los que logran emprender el viaje nadie los ha vuelto a ver. Nadie ha podido ver tampoco un avión en vuelo.

En apariencia, el Aeropuerto no se diferencia mucho del mundo cotidiano: hay bares, servicios públicos, tiendas de recuerdos… pero nadie atiende los comercios, no hay camareros que te sirvan un café y al abrir el grifo no sale agua sino una risa sarcástica. Es un lugar que imita a la vida, pero no es la vida, un simulacro, un infierno hiperreal por cuyos pasillos y dependencias podríamos encontrar deambulando al mismísimo Baudrillard. Y por supuesto, a Kafka.

“Hoy nada puedo confirmar, salvo que existe un universo completo allá adentro incapaz de ser gobernado por cualquier dios o demonio por grande que sea”

Los transeúntes del Aeropuerto no duermen ni sueñan, aunque a veces tengan la sensación de que realmente han soñado porque durante un breve período han logrado asomarse a su vida pasada. Sin embargo, “en el Aeropuerto la vida cotidiana constituye el sueño”.

Como ya demostró en sus anteriores novelas, Ricardo Vigueras es un excelente constructor de universos literarios. En el caso de esta novela se trata de un inquietante aeropuerto cuya extraña configuración va descubriendo el lector mientras acompaña a Victorio y Amanda, un español y una mexicana que han resultado “elegidos”, lo que significa que ambos cuentan con un billete para embarcar en un vuelo hacia lo desconocido. Pero poseer un billete no les garantiza nada, ya que encontrar la terminal de su avión, la señalada con la letra V, no resultará tarea fácil. Junto a ellos recorremos los infinitos pasillos, las extrañas terminales y las dependencias donde flemáticos funcionarios que hablan al estilo Yoda gestionan trámites y procedimientos cuyo verdadero objetivo no descubriremos hasta el último capítulo.

Los protagonistas de esta novela se suman a la larga lista de visitantes del inframundo que la Literatura nos ha dado. Victorio es un Ulises de ultratumba tratando de llegar a una Itaca cuya existencia conoce solo por las referencias de los funcionarios. En lugar de cíclopes o sirenas, el héroe se enfrenta a burócratas diabólicos que, aunque en teoría tengan la misión de ayudarlo, retrasan su partida o incluso tratan de impedirle abordar el avión. Como en la Odisea, el viaje interior va paralelo al exterior y como Ulises en la isla de los lotófagos, Victorio se repite una y otra vez que “lo importante es no olvidar”. En cambio a Amanda le corresponde más bien el papel de la Eurídice de Orfeo, aunque con una vuelta de tuerca que nos sorprenderá al final de la novela. La relación de esta pareja de almas errantes es muy poco convencional y es uno de los puntos fuertes de la novela ¿Cabe el amor en el Aeropuerto?.

No habrá Dios cuando despertemos podría interpretarse también como un manual de instrucciones para no perderse en el Aeropuerto, como el Bardo Todol, el libro de los muertos tibetano, pero adaptado a nuestros tiempos y mucho más ameno.

Estamos frente a una de esas obras que enganchan, pero no solo por la intriga de saber cuál será el destino de la pareja protagonista, sino también porque a lo largo de sus páginas el lector va descubriendo un mundo insólito, el Aeropuerto, perfectamente retratado por la prosa sencilla y brillante de un autor que maneja hábilmente el tiempo y el espacio, introduciendo algunos flashbacks que no interrumpen el hilo de una narración salpicada de detalles de humor.

Ricardo Vigueras es un escritor murciano residente en Ciudad Juárez, por lo que no sorprende que No habrá Dios cuando despertemos sea una novela a la vez mexicana y española, como sus dos protagonistas, Amanda y Victorio.

La muerte tiene una consideración muy especial en la cultura de México, incluso desde época precolombina. Se ha dicho que los mexicanos conviven con los muertos de la forma más natural. En alguna región del país azteca es costumbre instalar “altares de muerto” que sirven para dar la bienvenida a los difuntos que de cuando en cuando llegan de visita desde el Aeropuerto, digo desde el Más Allá.

El carácter español de la novela le viene dado, claro está, por la burocracia. En un Aeropuerto probablemente inspirado en la T4 del Adolfo-Suárez-Madrid-Barajas, los protagonistas se pierden en las instalaciones o son desorientados una y otra vez por los infernales trámites. Y es que de los burócratas no te libras ni en el Otro Mundo.

No habrá Dios cuando despertemos es una distopía de ultratumba destinada a convertirse en un clásico de la literatura fantástica.

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