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LSD Flashbacks

La autobiografía de Timothy Leary.

Timothy Leary

Timothy Leary

Hace años leí Confesiones de un adicto a la esperanza, donde Timothy Leary (1920-1996) cuenta sus andanzas en Argelia y me quedé con ganas de más. Ha habido que esperar a que Alpha Decay -una de esas editoriales pequeñas pero grandes por su calidad- recuperase este LSD Flashbacks -publicado originalmente en 1983 y ampliado en 1990- para tener una autobiografía extensa del divulgador del uso psicodélico del LSD. Esta edición cuenta además con el aliciente de un prólogo de William Burroughs.

Hablar de la vida del doctor Leary es lo mismo que contar la historia de las drogas en California desde finales de los años 50 hasta la definitiva prohibición de la posesión de LSD en 1968 y sus consecuencias. Pero también es la reseña de cómo el sistema reacciona con la máxima violencia de que es capaz cuando cree que algo le amenaza, de cómo el estado se salta sus propias leyes para penalizar a quienes considera enemigos potenciales.

Leary fue el primer psicólogo de Harvard en investigar sobre el uso de las sustancias psicotrópicas, primero la psilocibina y más tarde el LSD (dietilamida de ácido lisérgico), descubierto de forma casual por Albert Hofmann. Antes, en 1949, el doctor Max Rinkel, del Centro para la salud mental de Massachussets, había empleado el LSD con fines terapéuticos y en 1957 el psiquiatra británico Humphry Osmond había acuñado la palabra “psicodélico”, que viene a significar “lo que manifiesta el espíritu”.

Mediante el uso controlado de las drogas, Timothy Leary aspiraba a llevar a cabo una revolución psíquica que diera lugar a una nueva sociedad humanista. No lo consiguió, pero la psicodelia quedó relacionada para siempre con el movimiento hippie, el flower power, la liberación sexual y el rock ácido. Es la llamada contracultura, que impregnó la vida en occidente durante la década de los sesenta. Burroughs opina que “la introducción y difusión generalizada de esas antiguas sustancias alteradoras de la mente [la psilocibina] y sus equivalentes del siglo XX, como el LSD, facilitaron muchas de las libertades sociales del mundo occidental de hoy en día.”

Leary adoptó como lema de su movimiento Turn on, tune in, drop out, “Enchúfate, sintonízate y sal”, que se le ocurrió un día mientras se duchaba. Con Hofmann tuvo serias diferencias ideológicas. El viejo doctor suizo le increpaba: “Tus gilipolleces de paz y amor hacen que los jóvenes le hagan el juego al fascismo. Estás creando un grupo de mariquitas embobados, maduros para el exterminio.”

El psicodélico lema 'Turn on, tune in, drop out'.

El psicodélico lema ‘Turn on, tune in, drop out’.

La CIA había estado siempre muy interesada en las investigaciones sobre psicotrópicos, pero no con fines humanistas precisamente, sino con el objetivo de encontrar una eficaz “droga de la verdad”. La democratización del conocimiento sobre las drogas que Leary propugnaba no era bien vista.

Los experimentos del psicólogo de Harvard infundían miedo en el sistema. Las estadísticas dicen que solo una de cada mil experiencias con LSD resultan negativas, pero los medios de comunicación solo difundían los casos que respondían a lo que se llama un “mal viaje”. Las autoridades no entendían nada ni querían entenderlo y en 1963 Leary y su colega Richard Alpert fueron expulsados de la universidad. Este último se vistió una túnica, adoptó el nombre de Baba Dam Rass y se convirtió en un gurú, pero esa es otra historia.

Nuestro doctor se hizo muy popular en esa época. El grupo The Moody Blues le dedicó la canción Legend of a mind, ‘Leyenda de un alma’, cuya letra dice:

Timothy Leary’s dead.
No, no, no, no, He’s outside looking in.
Timothy Leary’s dead.
No, no, no, no, He’s outside looking in.
He’ll fly his astral plane,
Takes you trips around the bay,
Brings you back the same day,
Timothy Leary. Timothy Leary.

El uso de la droga podría haberse regulado con sentido común. La marihuana nada tiene que ver con la heroína, ni ninguna de éstas con el LSD y es evidente que cada sustancia requería su propia legislación. Pero el gobierno de Estados Unidos decidió prohibirlas todas sin discriminar sus características y posibles aplicaciones. Este error dio lugar a la aparición de un gran mercado negro de la droga, lacra que perdura hasta hoy. Existe también una teoría según la cual no se trató en absoluto de un error, sino de una estrategia deliberada para acabar radicalmente con la experimentación con psicotrópicos.

La casta política prohíbe las sustancias que expanden los estados de conciencia al tiempo que ellos mismos esnifan porquerías como la cocaína.

La persecución contra el doctor Leary comienza en 1965 en la ciudad de Laredo, al intentar cruzar la frontera de México. Los aduaneros, tras un concienzudo y poco habitual registro, encuentran restos de marihuana en el suelo de su automóvil y una cajita con la misma hierba que su hija menor de edad lleva encima y no ha tenido tiempo de ocultar. Leary se responsabiliza y el fiscal se plantea pedir para él un mínimo de diez años de cárcel, aunque está dispuesto a hacer un trato: serán indulgentes si el doctor deja de defender públicamente el uso de drogas. El objetivo está claro: utilizar a Timothy Leary para desacreditar la investigación sobre sustancias psicotrópicas en la universidad.

Él rehúsa colaborar y esta actitud lo convierte durante años en un sospechoso bajo permanente vigilancia policial. En 1968, el tristemente célebre director del FBI J. Edgar Hoover comienza una campaña de infiltración en grupos pacifistas, negros y estudiantes. El FBI ha caído en la paranoia y cree que Leary encabeza un movimiento revolucionario apoyado desde el extranjero por el comunismo internacional. Es acusado repetidas veces con distintos motivos, la mayoría con pruebas falsas, y tiene que acudir a los tribunales a defender su inocencia.

Algunos de los episodios de esta persecución resultan más bien humorísticos, como la noche que la policía prepara una redada para sorprender a Leary y sus amigos con las manos en la masa. Pero éste es avisado y cuando los agentes entran en su domicilio les encuentran fumando tabaco aromático en un narguilé, algo perfectamente legal.

En otra ocasión, la policía ofrece a un pequeño narcotraficante ser indulgente con él si coloca en el coche de Leary una bolsa con cantidad de droga suficiente para encarcelarlo de por vida. Leary, ignorando esta circunstancia, ofrece al individuo el papel de Jesucristo en una obra de teatro aficionado que iban a representar. Al terminar la función, el narco, agradecido, se baja de la cruz del Calvario y arrodillándose a los pies de Leary, le confiesa arrepentido sus malos propósitos.

Después de años de caminar por la cuerda floja librándose de ir a prisión, Leary comete el error de anunciar su candidatura para gobernador de California, contra el republicano Ronald Reagan. Elige como lema de campaña “Come together, join the party” y John Lennon escribe para él su célebre canción Come together. Su amigo Alan Watts le advirtió: “Te estás poniendo en una situación imposible. Si no consigues atención, estarás perdiendo el tiempo; y si lo haces, acabarás en la cárcel o, peor aún, de gobernador.”

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Leary, John Lennon, Yoko Ono y otros durante la grabación de “Give Peace A Chance” (foto: Wikipedia).

En efecto, en enero de 1970, después de visitar los juzgados numerosas veces, Leary es condenado a diez años de cárcel, sin derecho a fianza, a los que podrían añadirse otros diez por delitos anteriores. El juez ordena su inmediato ingreso en prisión.

Siguiendo el procedimiento habitual, es sometido a una batería de tests psicológicos. Los funcionarios de prisiones se dan cuenta de que han sido diseñados por el propio Leary (uno lleva por nombre “Test de comportamiento interpersonal de Leary”), pero hay que cumplir las normas. El doctor responde las preguntas para dar el perfil de un hombre pacífico e inofensivo. Como resultado es ingresado en la prisión de mínima seguridad de San Luis Obispo, de donde se fuga espectacularmente en septiembre de 1970, con ayuda de miembros del movimiento revolucionario Weather Underground.

Se inicia entonces un periplo por varios países del mundo, intentando encontrar asilo en alguno, pero la larga mano de la CIA obliga a Leary a ir huyendo de París a Argel, de Suiza a Afganistán, hasta ser arrestado en Kabul y deportado a Estados Unidos.

Leary se ha convertido en el enemigo público nº 1. El presidente Richard Nixon lo considera “el hombre más peligroso de Estados Unidos”. Esta vez es condenado a 95 años y encerrado en una prisión de máxima seguridad. Desde su primer internamiento hasta su puesta en libertad habría de ser huésped de trece establecimientos penitenciarios. Los últimos capítulos del libro que estamos comentando están dedicados a la descripción de los ambientes carcelarios por los que pasó el autor.

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Leary caracterizado como otro maldito, Aleister Crowley (Dibujo a pluma y acuarela de Adam Scott Miller, 2006)

El 8 de agosto de 1974 se produjo un acontecimiento que sería clave para el futuro de nuestro doctor: acosado por el escándalo Watergate, Nixon tuvo que dimitir. El partido Republicano inició así una época complicada hasta perder las elecciones de 1976. Unos meses antes, el demócrata Jerry Brown se convirtió en gobernador de California y puso en libertad al recluso Timothy Leary.

Desde entonces hasta su muerte el 31 de mayo de 1996, el doctor Leary se dedicó a escribir libros y pronunciar conferencias. En 1983 se publicó la primera edición en inglés de su autobiografía Flashbacks. Hay que decir que uno de sus biógrafos, Robert Greenfield, afirma que muchos de los episodios recogidos en este libro son pura fantasía, en particular una relación que Leary insinúa haber tenido con Marilyn Monroe.

En todo caso, LSD Flashbacks es una de las poquísimas autobiografías de 700 páginas que conozco que se lee de forma amena.

Timothy Leary dijo: “La supervivencia en el futuro se basará en el aumento de la inteligencia: ampliar el espectro de información que recibimos, mejorar nuestros modelos de análisis de estos hechos y desarrollar modos más potentes de transmitir señales actualizadas a los demás.”

leary flashbacks

Timothy Leary: LSD Flashbacks. Una autobiografía
(Ed. Alpha Decay, 2015). 704 págs.

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