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María Pérez, la Varona

La guerrera que apresó a un rey.

Esta narración tiene más de leyenda y mito que de realidad histórica. Sin embargo, la permanencia en la memoria de este tipo de historias hace pensar que no era tan raro que en los ejércitos medievales combatieran también mujeres, como María Pérez y Juana de Arintero.

Corría el año 680 cuando un almirante godo llamado Ruy Pérez arribó al puerto de Santoña, probablemente para intervenir en las luchas internas que los visigodos sostenían en la Península Ibérica. El marino se internó en las montañas alavesas y en el lugar hoy llamado Villanañe construyó una torre fortificada y se estableció allí con su familia. Se cuenta que en esa torre descansó don Pelayo en su huida hacia Asturias tras la batalla de Guadalete en 711.

Torre-Palacio de los Varona (Villanañe)
Torre-Palacio de los Varona (Villanañe, Valdegovía, Álava) Foto: Zarateman, Wikipedia.
Torre-Palacio de los Varona (Villanañe)
Torre-Palacio de los Varona (Villanañe, Valdegovía, Álava) Foto: Assar, Wikipedia.

Han pasado muchos años. Estamos en el siglo XII, en pleno conflicto dinástico y territorial entre Alfonso I el Batallador, rey de Aragón, y Alfonso VII, rey de Castilla y León. La torre de Villanañe está ahora habitada por tres hermanos descendientes del almirante Ruy Pérez y a su vez sobrinos de Alfonso VII: Gómez, Alvar y María. Ésta tiene, en el momento en que empieza este relato, veintitrés años, es diestra en el manejo de las armas y aficionada a la caza.

El rey castellanoleonés está llamando a filas a sus nobles y caballeros. A la torre de los hermanos Pérez llega el infante don Vela, hijo del soberano de Navarra, con la orden de reclutamiento de los varones. Gómez y Alvar se preparan para acudir al combate en apoyo de su tío el monarca. Les preocupa dejar sola a María, pero ésta resuelve el problema: se viste una armadura, ensilla su caballo y empuña las armas para acompañar a sus hermanos.

Parten los Pérez al frente de sus huestes y en Toledo se unen al ejército de Alfonso VII. Permanecen allí acampados en espera de entrar en combate con los aragoneses. María pone buen cuidado de que nadie descubra su verdadero sexo y hasta ronda y galantea a otras mujeres imitando el comportamiento que ve en los hombres.

El rey de Aragón invade con sus tropas territorio castellano y Alfonso VII sale a su encuentro. La batalla tiene lugar en los Llanos de Atienza, hoy llamados Campos de Barahona (esta batalla parece formar parte de la leyenda de la Varona. La historia nos dice que los dos reyes firmaron un pacto para evitar la guerra). Se lucha durante todo el día sin que haya un vencedor y al caer la noche los dos ejércitos pactan una tregua. María Pérez monta guardia en un extremo del campamento castellanoleonés, cuando en la oscuridad divisa una figura. Le da el alto, pero el desconocido, lejos de responder, desenvaina su espada y se enfrenta a ella. Se produce un duro combate, con intercambio de golpes, sin que ninguno de los contendientes desfallezca. María atesta un fuerte mandoble contra la armadura de su rival y su espada se rompe. El desconocido, tras el impacto, a duras penas se mantiene en pie. Admirado por el valor y fuerza de su rival, el caballero ofrece su manopla en señal de tregua, pero María le exige su espada como muestra de rendición. Entonces, el hombre levanta la visera de su yelmo y la muchacha reconoce al rey Alfonso de Aragón. María se inclina en señal de respeto al monarca pero insiste en llevarlo prisionero a su campamento. Llegando ya a las tiendas castellanas Gómez y Alvar salen a celebrar el regreso de su hermana y es entonces cuando Alfonso el Batallador se da cuenta de que ha sido vencido por una mujer .

Alfonso VII de Castilla
Alfonso VII de Castilla, siglo XIII, autor anónimo.
Estatua de Alfonso I El Batallador
Estatua de Alfonso I El Batallador en Zaragoza. Foto: Wikipedia.

Como los dos reyes guardaban cierto parentesco, ya que el de Aragón había estado casado con doña Urraca, madre del castellanoleonés, dialogaron, negociaron, hicieron las paces y dieron por zanjado el conflicto. Enterado Alfonso VII de la gesta de María Pérez se dirigió a ella en estos términos: “Habéis obrado, no como débil mujer, sino como fuerte varón y debéis llamaros Varona, vos y vuestros descendientes y en memoria de esta hazaña usaréis las armas de Aragón” y le otorgó un blasón consistente en las barras del escudo de Aragón colocadas en diagonal. El lugar donde se había celebrado la batalla pasó a denominarse Campos de Varona, nombre que dio lugar más tarde al de Barahona, con el que hoy se conoce.

María Pérez la Varona
María Pérez la Varona, ilustración de la revista Semanario Pintoresco Español nº 11, de 12 de marzo de 1848.

María Pérez había alcanzado tal prestigio que, tras el prematuro fallecimiento de su hermano Alvar, se puso al frente de sus huestes. Los almorávides hostigaban las fronteras de León y allí se dirigió nuestra heroína. Pronto corrió la voz de que el capitán del ejército cristiano era una mujer y la gente de los pueblos salía al paso de las tropas a comprobarlo. No faltaron muchachas que siguieron el ejemplo de María y se alistaron para combatir a su lado.

La campaña contra los almorávides fue triunfal, los castellanos tomaron numerosas ciudades y fortalezas, como Toro, Torquemada y Dueñas. Hasta cuarenta villas llegó a dominar María Pérez.

Cuentan que los guerreros musulmanes preferían escapar antes que luchar contra mujeres o tener que rendirse a ellas. Algo similar a lo que les sucede hoy a los terroristas de Daesh cuando tienen que enfrentarse a las valientes guerrilleras kurdas.

María Pérez la Varona.
María Pérez la Varona en plena batalla, ilustración de la revista Semanario Pintoresco Español nº 11, de 12 de marzo de 1848.

De regreso a su tierra recibió la noticia de la muerte en combate de su hermano Gómez. Cansada de luchas, se quitó la armadura, se vistió de dama y contrajo matrimonio con un antiguo pretendiente, dos veces viudo, el infante don Vela, el mismo que años atrás acudiese a reclutar a sus hermanos en nombre de Alfonso VII. Tuvieron un hijo al que llamaron Rodrigo para conservar el recuerdo de su antepasado Ruy, ya que al haber adoptado el apellido Varona había desaparecido el de Pérez. Todos sus descendientes primogénitos varones hasta el día de hoy llevan el nombre de Rodrigo.

En 1075 murió don Vela y la viuda regresó al palacio de Villanañe en compañía de su primogénito y dos hijos de los anteriores matrimonios de su esposo. Al casarse estos y quedar sola de nuevo, se retiró al monasterio de Oña, donde vivió los últimos ocho años de su vida. Murió a la edad de sesenta y tres.

Lope de Vega dedicaría a María Pérez su comedia La Varona castellana, que contribuiría a adornar su leyenda.

En Villanañe se alza todavía la llamada Torre de los Varona, aunque el edificio actual es un palacete que data del siglo XIV.

Este artículo es un capítulo del libro «Mujeres singulares 2«.

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