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Florence Farr, la «nueva mujer»

Actriz, escritora, productora, compositora, cantante, directora teatral, profesora y ocultista.

Florence Farr nació en Bickley, Inglaterra, en 1860. Su padre, el doctor William Farr, estaba convencido de que hombres y mujeres debían educarse en igualdad y puso en práctica esas ideas con sus hijos e hijas. Entre sus amigas de la infancia se encontraba una célebre modelo de pintores prerrafaelitas, que la introdujo en los círculos intelectuales y artísticos de Londres. Florence es una de las chicas que posa en el óleo The Golden Stairs del pintor Edward Burne-Jones, que se exhibe en la Tate Gallery.

The Golden Stairs de Edward Burne-Jones, Tate Gallery.
The Golden Stairs de Edward Burne-Jones, Tate Gallery (¿Cuál de ellas será Florence?).

Al terminar sus estudios ejerció como maestra una temporada, pero su verdadera vocación era el teatro. Comenzó actuando en obras de aficionados con su hermana y su cuñado. Como su padre no deseaba ver el apellido familiar mezclado con la farándula, ella usaba el nombre artístico de Mary Lester y solo recuperó su nombre real tras la muerte del doctor Farr.

En 1884 se casó con el actor Edward Emery, que insistió para que dejase los escenarios. Ella se negó, su matrimonio fracasó y a partir de ahí sus ideas feministas se reforzaron. Tras cuatro años de complicadas relaciones matrimoniales, su esposo inició una gira por Estados Unidos y la pareja no volvió a verse más.

Entretanto, la presencia de Florence Farr en los escenarios había llamado la atención de George Bernard Shaw y el poeta W.B. Yeats, dos autores que trataron en sus obras cuestiones relativas a la mujer, el dramaturgo en su Pigmalión y el poeta en No Second Troy, Michael Robartes and the Dancer y Crazy Jane, entre otras.

Florence Farr hacia 1890
Florence Farr hacia 1890, foto de autor desconocido.

En esa época, Bedford Park, el barrio londinense donde vivía Florence, se había convertido en uno de los centros culturales más avanzados de la capital británica. Allí residían poetas como Yeats, actores como William Terriss y pintores como Camille Pissarro. En ese barrio se manifestó el ideal de la nueva mujer o new woman, que había surgido a raíz del auge del movimiento feminista. Dicho ideal se refería a un tipo de mujer independiente, ilustrada, con una carrera profesional y que hacía gala de una sexualidad activa. El concepto provenía de un artículo de la escritora irlandesa Sarah Grand y fue popularizado por Henry James.

En su Autobiografía, Yeats dedicó algunos párrafos a Florence: “Ella tenía tres grandes dones: una belleza tranquila, como la de la figura del Demetrio cercana a la puerta de la sala de lectura del Museo Británico, un sentido incomparable del ritmo y una bella voz que parecía la natural expresión de su imagen … Solía vestir sin cuidado ni preparación, como si ocultase su belleza y pareciese desdeñar el poder de ésta. Si un hombre se enamoraba de ella, Florence solía señalar que ya había visto ese movimiento en el escenario o había oído esa entonación y hacía que todo pareciese irreal. Si leía un poema en inglés o francés, todo era pasión, todo tradicional esplendor, pero hablaba de la vida real con frío ingenio o aguda paradoja. La agudeza y la paradoja procuraban derribar cuanto tuviera tradición o pasión y estaba pronta a pasar los días en la sala de lectura del Museo Británico y llegaría a ser erudita en muchos estudios heterogéneos, impulsada por una curiosidad insaciable y destructora … El salón de la casa en que se alojaba en Brook Green fue pronto un reflejo de su mente, con las paredes cubiertas con instrumentos musicales, tapices orientales y dioses y diosas de Egipto pintados por ella misma en el Museo Británico.”

Por su parte Shaw recordaba que “ella reaccionaba con violencia contra la moral victoriana, en especial la moral sexual y doméstica”.

Tanto Yeats como Shaw vieron en Florence Farr la encarnación del ideal de la new woman. Se ha dicho que el dramaturgo pretendió modelarla al estilo de la protagonista de su Pigmalión, lo que no deja de ser contradictorio con el ideal de una mujer independiente. Yeats, miembro de la orden esotérica Golden Dawn, abordaba las cuestiones de género desde el punto de vista del ocultismo y consideraba que el hombre y la mujer son los dos polos opuestos, los principios masculino y femenino que rigen el universo. Defendía la recuperación de la figura de la Diosa, que consideraba compatible con el feminismo y el socialismo.

Florence y Shaw se convirtieron en amantes. Sin embargo, Yeats ejercía mayor influencia sobre ella, le hizo interesarse por el ocultismo y la introdujo en la Golden Dawn. Esto la distanció de Shaw, que detestaba todo lo referente a la magia y se burlaba de ella por sus creencias irracionales. La reacción del dramaturgo fue extender rumores malintencionados sobre Florence, como que tenía una docena de amantes simultáneos.

Florence Farr, tal como aparecía en "El idilio siciliano", de John Todhunter (1890)
Florence Farr, tal como aparecía en «El idilio siciliano», de John Todhunter (1890). Foto: Senate House LIbrary.

En julio de 1890 Florence Farr se convirtió en miembro de la Golden Dawn, una orden en la que hombres y mujeres militaban en pie de igualdad. Adoptó el lema Sapientia Sapienti Dona Data, que significa “La sabiduría se da a los sabios como un don”. Su trabajo se centró en la egiptología y la alquimia. Respecto a esta última hizo hincapié en aclarar que no busca transmutar los metales, como vulgarmente se piensa, sino que es una filosofía de la naturaleza que persigue una transformación física y espiritual. En este período, escribió el ensayo Magia egipcia, dos novelas, varios artículos y redactó las instrucciones secretas de la orden.

Al inicio se ganó la amistad del célebre mago Aleister Crowley, que escribió algunos textos que reflejaban su admiración por Florence y basó en ella el personaje de Soror Cybele de su novela Moonchild. Sin embargo, cuando en 1897 Florence Farr se convirtió en jefa de la orden en Inglaterra, negó a Crowley un ascenso en los grados de la jerarquía esotérica debido a su intemperancia sexual. En efecto, el que fuera calificado como el hombre más pervertido de su época tenía la costumbre de intentar fornicar con todas las mujeres -y algunos hombres- que se pusieran a su alcance. No es difícil imaginar que lo intentase con Florence Farr. No se sabe si lo consiguió o no. En todo caso, se convirtió en enemigo de Florence y tener de enemigo a la Gran Bestia no debía ser cosa fácil.

Farr creó un grupo propio dentro de la Golden Dawn, al que llamó La Esfera, en el que reunió a los miembros más cercanos a ella. Otros no lo vieron con buenos ojos y exigieron su disolución. Un grupo esotérico dentro de un grupo esotérico no podía funcionar. Para colmo, la Golden Dawn fue víctima del conocido como escándalo Horos, nombre que procede del apellido de un matrimonio que fue recibido como hermano y resultó ser una pareja de embaucadores. Farr, como responsable, se vio obligada a dimitir.

La historia del fin de la Golden Dawn debió ser épica: personas supuestamente avanzadas en el camino espiritual que caen víctimas de envidias, celos, venganzas… y terminan a bofetadas entre ellos: allanamiento de locales, desaparición de documentos, denuncias en los juzgados y, por supuesto, batallas mágicas. La orden se rompió y cada uno de los miembros destacados creó la suya propia. Excepto Florence Farr, que ingresó en la Sociedad Teosófica de Londres.

Entre 1902 y 1912, Farr siguió actuando, escribiendo, dirigiendo y musicando espectáculos teatrales, así como ofreciendo recitales de poesía que acompañaba con su salterio. Hizo giras por Europa y América, pero después su estrella comenzó a declinar.

Florence Farr con su salterio
Florence Farr con su salterio, hacia 1901. Foto: Abbey Theatre archives, Wikipedia.

Continuó publicando artículos sobre sus temas habituales: teatro, egiptología y feminismo. En 1907, Farr afirmó que la reforma de las leyes de salud pública y de matrimonio no eran suficientes para liberar a las mujeres: “Debemos matar la fuerza en nosotras que dice que no podemos llegar a ser todo lo que deseamos, porque esa fuerza es nuestra mala estrella que convierte toda oportunidad en un fracaso grotesco … Así que vamos a reconocer la verdad de que nuestra primera tarea es cambiarnos a nosotras mismas y entonces sabremos cómo cambiar nuestras circunstancias”. Hablaba de lo que hoy se conoce como “techo de cristal”.

En 1912, decepcionada por sus amigos y amantes, decidió abandonar Inglaterra. En la Sociedad Teosófica había conocido a Ponnambalam Ramanathan, un gurú de Ceilán con aspiraciones políticas, que aparentemente tenía un proyecto para educar a las mujeres de su país. Así, al saber que el gurú había establecido un College para mujeres en la ciudad de Jaffna, vendió todas sus propiedades, abandonó su país y se estableció en Sri Lanka. Ramanathan la nombró rectora de su escuela. Sin embargo, tres años después dimitió aburrida de su trabajo.

En 1916 le fue diagnosticado un cáncer de mama. Fue operada de un pecho. En una carta a Yeats le comunicaba que se había convertido en una amazona e incluía un dibujo de ella misma que mostraba su pecho plano y la cicatriz dejada por la cirugía.

Última carta de Florence Farr a Yeats.
Última carta de Florence Farr a Yeats.

Sin embargo el mal ya se había extendido por su cuerpo y Florence murió sola en un hospital de Colombo en abril de 1917. Su cadáver fue incinerado y sus cenizas arrojadas al río sagrado Kalyaani.

Yeats, que siempre pensó que se había refugiado en Sri Lanka para que nadie viese marchitar su belleza, le dedicó unos versos:

Who finding the first wrinkles on a face
Admired and beautiful,
And by the foreknowledge of the future vexed;
Diminished beauty, multiplied commonplace;
Preferred to teach a school
Away from neighbour or friend,
Among dark skins, permit foul years to wear
Hidden from eyesight to the unnoticed end.

El autor Kumari Jayawardena resume la vida de Florence Farr con estas palabras: “Como sufragista, socialista, actriz y “nueva mujer” atrajo a Shaw, pero luego se transformó en ocultista, espiritualista y teósofa, para gran disgusto de Shaw y deleite de Yeats. Pero rechazando a los dos, se volvió hacia Ramanathan, el gurú hindú, sólo para encontrar que el papel ideal de éste para las mujeres hindúes era sólo la de esposa y madre”.

Shaw, tras la lectura de su biografía, comentó: “Pensaba que Yeats y yo la conocíamos a fondo, hasta el punto de que no había nada más que conocer. Ahora veo que no la conocíamos en absoluto.”

Florence Farr fue actriz, escritora, productora, compositora, cantante, directora teatral, profesora y ocultista, pero hasta ahora se la recuerda solo por haber sido musa de Yeats y Shaw.

Este texto es un capítulo del libro Mujeres Singulares 2.

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