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Pioneras del fútbol

Breve historia del fútbol femenino.

Algunas crónicas cuentan que en la antigua China las mujeres practicaban un juego de pelota, pero en época más moderna, el fútbol femenino nació, como el masculino, en las Islas Británicas. En el siglo XVIII en Escocia se disputaban partidos de solteras contra casadas. Alrededor del campo los hombres jóvenes observaban con interés el desarrollo del juego, en especial las evoluciones de las componentes del equipo de las solteras.

Probablemente el primer club de fútbol femenino del mundo fue el llamado Mrs Graham’s XI (El Once de la Sra. Graham), fundado en Edimburgo en 1881. Las jugadoras usaban seudónimo para proteger su identidad ya que su actividad estaba mal vista en la sociedad victoriana. El primer partido del que hay noticias se jugó el 9 de mayo de 1881 en el Easter Road Stadium de Edimburgo. Se enfrentaron escocesas contra inglesas. Una semana más tarde los mismos equipos jugaron en Glasgow ante cinco mil espectadores. En el minuto 55 el partido tuvo que ser suspendido después de que parte del público saltara al campo y empujara e insultara a las jugadoras. En encuentros posteriores se repitieron los incidentes poniendo fin a este temprano intento de introducir en la sociedad el fútbol femenino.

En Inglaterra no solo no se disputaban partidos de mujeres, sino que hasta 1885 no se permitió la presencia de ellas entre el público de los encuentros masculinos. La razón de que se acabara con esta prohibición fue que alguien pensó que el habitual comportamiento incívico de los espectadores se atemperaría si estaban acompañados de sus esposas. Unas dos mil señoras asistieron al primer partido en que se les permitió la entrada, una cifra más que respetable para la época, si bien hay que decir que entraron gratis.

El primer club de fútbol femenino inglés se fundó en Londres en 1894. La artífice fue una tal Mary Hutson, que adoptó el más apropiado seudónimo deportivo de Nettie Honeyball. Esta señorita tenía entonces veintitrés años y había convencido a la aristócrata feminista Lady Florence Dixie para patrocinar su proyecto. Contaba con el asesoramiento de una sufragista de nombre Helen Matthews, que había sido la guardameta del equipo Mrs Graham’s XI de Edimburgo. Como entrenador eligieron al centrocampista del Tottenham Hotspur Bill Julian. Para reclutar jugadoras, nada mejor que poner un anuncio en los periódicos. Treinta jóvenes se presentaron al peculiar casting y enseguida comenzaron los entrenamientos, que tenían lugar en un parque. Había nacido el British Ladies Football Club.

Entre las primeras cuestiones que se plantearon estaba qué tipo de atuendo debían vestir las damas para desenvolverse con comodidad sobre el terreno de juego sin ofender la moral pública. Nettie y Florence insistían en que las chicas tenían que jugar con pantalones cortos como los hombres, pero eso habría sido considerado por la pacata sociedad poco menos que un acto de travestismo. Finalmente se adoptó una especie de pantalones largos y anchos, que permitían manejar el balón sin dejar al descubierto ni un centímetro de piel.

El equipo Londres Norte, del British Ladies Football Club el día de su debut, 23 de marzo de 1895.

El 23 de marzo de 1895 se celebró un partido entre dos equipos del mismo club -ya que no había otro- que se llamaron Londres Norte y Londres Sur. Asistieron unos ocho mil espectadores. El Daily Sketch publicó algo parecido a una crónica del encuentro en la que pudo leerse: “Los primeros minutos fueron suficientes para demostrar que el fútbol femenino, si las damas británicas se toman como ejemplo, es totalmente imposible. Un futbolista requiere velocidad, juicio, habilidad y arrancada. Ninguna de estas cuatro cualidades se evidenció el sábado: en su mayor parte, las damas vagaron sin rumbo por el campo en un trote desgraciado. El Londres Norte (de rojo), venció al Londres Sur (de azul) por 7-1.”

En otras palabras, para el cronista el fútbol no era un deporte de señoritas, como tantas veces hemos escuchado después. Otros diarios fueron algo más condescendientes, probablemente más por paternalismo que otra cosa. Los médicos también se pronunciaron al respecto. En el British Medical Journal anunciaron: “No podemos de ninguna manera apoyar la temeraria exposición a la violencia de los órganos que la experiencia común de las mujeres les ha llevado en todos los sentidos a proteger”.

El 6 de abril del mismo año se disputó la revancha en Brighton, de nuevo con victoria del Londres Norte, esta vez por 8-3. En los meses siguientes se celebraron nuevos encuentros entre los dos mismos equipos, cada vez con mayor asistencia de público. En todos los partidos destacó la medio volante izquierda (pivote en la jerga futbolera de hoy) del Norte, Daisy Allen, de tan solo once años.

El primer encuentro en que la asistencia de público disminuyó -solo 400 espectadores- sirvió a los medios de comunicación para certificar la muerte del fútbol femenino.

Pero llegó la Primera Guerra Mundial y las mujeres pasaron a ocupar los puestos que en las fábricas habían dejado vacantes los hombres, al haberse incorporado a los frentes de batalla. Ellas empezaron a imitar la costumbre de los chicos de jugar al fútbol en los descansos del trabajo y terminaron organizando torneos entre equipos de las diferentes fábricas de munición. Ya que la liga masculina estaba suspendida, el gobierno veía bien estos juegos, que servían de distracción al tiempo que permitían recaudar dinero para obras de caridad.

Al terminar la guerra muchas mujeres dejaron de trabajar y regresaron a sus tareas domésticas, pero no por ello perdieron la afición al fútbol. Algunas empresas mantuvieron activos sus equipos femeninos, para sorpresa de los hombres que, tras regresar del frente, se habían reincorporado a sus puestos de trabajo. David J. Williamson escribió: “No es sorprendente que para muchos hombres haya sido extremadamente difícil aceptar la idea de que las damas jugaran lo que siempre se había considerado como una reserva masculina, su deporte. En el frente durante la Gran Guerra no habían tenido una idea real de cómo el país estaba cambiando en su ausencia, cómo el papel de sus mujeres dentro de la sociedad estaba empezando a cambiar drásticamente, respondiendo a la oportunidad que se les había dado”.

Uno de los equipos que más destacaba era el de la empresa Dick Kerr, de Preston (Lancashire), de la mano de uno de sus trabajadores llamado Alfred Frankland, personaje fundamental, como veremos, en la historia del fútbol femenino británico. Habían debutado el día de Navidad de 1917 en un partido disputado en el campo del Preston North End, que fue anunciado como Great Holiday Attraction, con el resultado de Dick Kerr Ladies 4, Arundel Coulthard Foundry 0, destacando el juego de la capitana Alice Kell. Frankland fue el primero que contrató a dos trabajadoras de otras empresas con el único fin de incorporarlas a la plantilla de su equipo: Alice Woods y Lily Parr. La primera destacaba por su velocidad y la segunda impresionaba con sus catorce años y un metro ochenta de estatura. Les ofreció diez chelines por partido disputado más gastos de desplazamiento. Era el año 1919 y aunque no pueda decirse que el profesionalismo había llegado al fútbol femenino, cobrar por jugar aunque fuese una pequeña cantidad ya era algo serio. Parr marcó cuarenta y tres goles en su primera temporada y fue muy elogiada en la prensa local.

La popularidad de este deporte volvió a crecer. En abril de 1919, un partido entre Dick Kerr Ladies y Newcastle United Ladies, acabado en empate a cero, congregó a 35.000 espectadores y recaudó 1.200 libras, destinadas, como de costumbre, a obras de caridad. Pero no todo era de color de rosa. Muchas jugadoras sufrieron la incomprensión de sus familiares y novios, concentrándose la mayoría de las críticas en la indumentaria que lucían ante el público, ya que para entonces habían adoptado los pantalones cortos, que dejaban al descubierto las rodillas de las jugadoras.

Frankland era un hombre de exquisita educación, que trataba a las mujeres con gran cortesía (ellas solían llamarle father o pope), pero les exigía un comportamiento irreprochable tanto dentro como fuera del terreno de juego. Por ejemplo, les tenía prohibido lucir atuendo deportivo salvo en partidos o entrenamientos.

Dick Kerr Ladies (1921)

Mientras tanto al otro lado del Canal de la Mancha las francesas también habían empezado a patear balones. El primer partido de fútbol femenino jugado en Francia fue el 30 de de septiembre de 1917. Enfrentó a dos equipos del Fémina Sport, club polideportivo para mujeres fundado en París en 1912. Las parisinas organizaron un torneo a nivel nacional a partir de la temporada 1920-21. Madame Milliat, que más tarde fundaría la Fédération des Sociétés Féminines Sportives, era una gran defensora de las futbolistas: “En mi opinión, el fútbol no es malo para las mujeres, la mayoría de estas chicas son como hermosas bailarinas griegas. No juegan como hombres, juegan rápido, aunque no un fútbol vigoroso”.

Alfred Frankland invitó a las chicas de Madame Milliat a viajar a Inglaterra para disputar el primer partido internacional. El 29 de abril de 1920 se enfrentaron el Dick Kerr Ladies y un combinado de las mejores jugadoras galas. En Preston, ante 25.000 espectadores, las británicas se impusieron por 2-0, tantos de Florrie Redford y Jennie Harris. La gira incluyó otros tres encuentros en Stockport, Manchester y Londres, con una victoria para cada equipo y un empate. El último partido, disputado en el estadio del Chelsea, sirvió para que algunos medios montaran un escándalo porque las dos capitanas, Alice Kell y Madeline Bracquemond, se habían besado calurosamente al final del partido.

El beso de las capitanas.

Meses más tarde, las inglesas devolvieron la visita a Francia. El 21 de octubre, en París, empataron a uno. En este partido se produjo el primer incidente grave conocido en un partido femenino, cuando a falta de cinco minutos para el final el público invadió el terreno de juego después de que el árbitro -francés- señalara un corner dudoso a favor de las inglesas.

El 16 de diciembre de 1920 fue otra fecha señalada. En Preston se jugó un partido benéfico entre el Dick Kerr Ladies y un combinado del resto de Inglaterra. Fue el primer partido femenino nocturno, iluminándose el campo con focos de las baterías antiaéreas. El permiso para su utilización lo dio el entonces Secretario de Estado para la Guerra, Winston Churchill. El encuentro fue filmado por British Pathé, en cuyo canal de YouTube pueden verse escenas de este y otros partidos de la época. Las Dick Kerr ganaron por 4-0, destacando la actuación de Jennie Harris. Diez días más tarde, el choque entre Dick Kerr y St. Helens, los dos equipos más potentes, batió el récord de espectadores con 53.000 y otros miles se quedaron sin entrada. De nuevo 4-0 para las pupilas de Frankland, que se consagraron como el mejor equipo del mundo.

Primer partido femenino nocturno. Preston, Lancashire, 1920.
Partido en Preston, 1920.

En mayo de 1921 las francesas volvieron a jugar en Inglaterra. Entre ellas destacaba la delantera Carmen Pomies, antigua campeona de lanzamiento de jabalina. Frankland logró convencerla para jugar en su equipo, produciéndose así el primer fichaje extranjero para el Dick Kerr Ladies. Ese mismo año el equipo de Preston tuvo que rechazar ciento veinte invitaciones para disputar partidos por toda Gran Bretaña. Los espectadores de cada encuentro se contaban por miles. Se recaudaba dinero en cantidades apreciables para obras de caridad. El fútbol femenino estaba en todo su apogeo… Y entonces se produjo el acontecimiento que vino a dar al traste con todo.

Una huelga de mineros estaba teniendo lugar en Gran Bretaña, una de esas huelgas recurrentes en la historia del país. A los trabajadores de las minas se les había reducido el sueldo un cincuenta por ciento y se declararon en paro total. El gobierno militarizó el sector. Las futbolistas, que no olvidemos eran trabajadoras, decidieron jugar varios partidos en beneficio de las familias de los compañeros huelguistas. Su solidaridad de clase fue vista como un desafío por las autoridades. Se desencadenó una ofensiva contra el fútbol femenino, que de pronto se había convertido en un enemigo político. Se intentó ensuciar la reputación de Alfred Frankland acusándolo de irregularidades financieras, arreció la campaña sobre los supuestos perjuicios que el deporte tenía para la salud de las mujeres, y, finalmente, la Federación Inglesa de Fútbol prohibió a sus clubs asociados ceder sus estadios para partidos femeninos, así como a sus miembros actuar como árbitros o jueces de línea en encuentros entre mujeres.

El ataque combinado del clasismo y el machismo supuso un golpe durísimo para los equipos. Al no poder jugar en grandes estadios, no podrían contar con un público numeroso, y sin público, no habría ingresos para pagar los gastos de los partidos, ni para obras de beneficencia, ni por supuesto para ayudar a las familias de los mineros.

Frankland aseguró que su equipo seguiría jugando aunque tuvieran que hacerlo en campos de labranza. Ante la nueva situación, las futbolistas crearon la English Ladies Football Association (ELFA), formada en su inicio por ciento cincuenta clubs. Al ser independientes aprovecharon para hacer algunas modificaciones al reglamento, como disminuir el tamaño del terreno de juego y aligerar el peso del balón. Además impusieron una curiosa norma para potenciar la cantera: ningún club podía fichar a una jugadora que residiera a más de veinte millas de su sede.

La prohibición se contagió a Francia. Según la Federación Francesa de Fútbol, las mujeres estaban autorizadas a jugar por diversión en recintos cerrados pero no en espectáculos públicos. Ellas crearon entonces la Fédération des Sociétés Féminines Sportives de France (FSFSF) con Madame Milliat al frente. Para colmo de males, en 1926 la jugadora C.V. Richards se desplomó en mitad de un partido y falleció. Los enemigos del fútbol femenino aprovecharon la fatal circunstancia para arreciar sus ataques y esta modalidad deportiva quedó desacreditada en Francia durante varios años.

Dick Kerr Ladies (1922)

En 1922 el Dick Kerr Ladies efectuó su primera gira por América del Norte. Sin embargo al llegar a Canadá se encontraron con que la federación de este país había prohibido disputar los encuentros previstos. En Estados Unidos les organizaron partidos contra hombres, toda una encerrona.

Una nueva adversidad iba a complicar más la situación: la empresa Dick Kerr fue comprada por English Electric y los nuevos dueños, que no tenían interés alguno en el fútbol femenino, prohibieron entrenar a las jugadoras y retiraron a Frankland el permiso para seguir al frente del equipo. Como respuesta éste abandonó la empresa y siguió con las futbolistas, que ahora pasaron a llamarse Preston Ladies. Algunas de las chicas fueron despedidas pero Frankland consiguió darles otro empleo en un psiquiátrico, el Whittingham Hospital and Lunatic Asylum, institución a la que en el pasado había donado importantes sumas de dinero.

A finales de la década de los 20, la plantilla del Preston Ladies tuvo que ir renovándose. Algunas de las chicas se casaron y abandonaron la práctica del fútbol, otras emigraron a Canadá durante la crisis del 29, Pomies regresó a Francia y la única que nunca se casó y permaneció en activo hasta mediada la década de los 30 fue Lily Parr, la gran figura del equipo. Algunos aficionados creían que Parr era lo bastante buena como para jugar en un equipo de la liga masculina. Bobby Walker, un jugador internacional escocés, pensaba que ella era el mejor goleador que había visto nunca. Alfred Frankland fue más lejos describiéndola como el “mejor extremo izquierdo que juega en el mundo hoy.” Lydia Ackers, que jugó durante muchos años con Parr afirmó: “Nunca he visto a ninguna mujer, ni a muchos hombres, patear una pelota como ella hacía. Todo el mundo quedaba asombrado cuando veían su fuerza, no podían creerlo”. Joan Whalley, otra que jugó en el mismo equipo que Lily Parr, escribió más tarde: “Tenía una patada como una mula, era la única persona que yo conocí que podía levantar una pelota muerta, la vieja pelota de cuero pesado, desde la izquierda hacía mí, a la derecha, y casi noquearme con la fuerza del tiro”.

Durante todo este tiempo la Federación de Fútbol masculina continuó con su prohibición tratando sin disimulo de acabar con el fútbol femenino. La Ladies Football Association fue declinando y nunca logró implantar un campeonato de liga. El 8 de septiembre de 1937, el Preston Ladies ganó la final de un torneo denominado Campeonato de Gran Bretaña y del Mundo, al batir por 5-1 a las escocesas del Edinburgh Ladies. La recompensa de las vencedoras consistió en una cena, no había dinero para más.

Durante la Segunda Guerra Mundial se disputaron muy pocos partidos debido a la escasez de combustible para desplazamientos y a que Frankland fue reclutado como vigilante antiaéreo. En Francia, el régimen de Vichy prohibió sin contemplaciones la práctica del fútbol femenino en 1941.

¿Qué había sucedido mientras tanto en España? Curiosamente la historia del balompié femenino hispano guarda cierto paralelismo con la del británico, aunque desplazada unos años en el tiempo. Nuestro Alfred Frankland se llamaba Paco Bru, fue defensa del F.C. Barcelona y funcionario del ayuntamiento de la capital catalana. Este futbolista creó el Spanish Girls Club, que tenía su sede social en la calle Consell de Cent. Como sucediera con el Dick Kerr, el primer partido debieron disputarlo dos equipos del mismo club, por no haber otro. Este histórico encuentro se jugó el 2 de junio de 1914 en el campo del R.C.D. Español entre los conjuntos llamados para la ocasión Monserrat y Giralda, con Paco Bru de árbitro.

Dos días más tarde el Mundo Deportivo publicaba la siguiente crónica :

Las niñas futbolísticas.
Anteayer, en el campo del Español, jugóse el primer partido de futbol entre representantes del sexo débil, que en dicho día se parangonaron con el fuerte. Este partido, cuyos beneficios se destinaban a favor de la Federación Femenina contra la Tuberculosis, era, por su naturaleza, esperado con cierta espectación, siendo presenciado por un público regular y por el capitán general de la región, que acudió con su bella hija Carmen. Las jugadoras estuvieron a la altura que les correspondía. notándose en el comienzo del encuentro bastante azaramiento, que fué desapareciendo hacia el final, en el que, el bando «Giralda», que lucía jersey rojo, consiguió apuntarse dos goals por uno que en la primera mitad, entró el «Montserrat», que lo ostentaba blanco. Esta primera actuación de la mujer en el viril futbol, no nos satisfizo, no sólo por su poco aspecto sportivo, sino que también porque a las descendientes de la madre Eva, les obliga a adoptar tan poco adecuadas como inestéticas posiciones, que eliminan la gracia femenil.”

El nombre del citado capitán general era César Víctor Augusto del Villar, lo que podría llevar a algunos a situar erróneamente en aquellos días los orígenes del “villarato”.

En la reseña de El Diluvio se preocupaban sobre todo de la indumentaria: “…se presentaron correctamente vestidas de pantalón bombacho, blusa y media alta. El problema principal en la indumentaria femenina, el peinado, lo resolvió cada una a su manera, si bien resulta, como más práctico, cortado a la romana”.

Hay que decir que hubo otras reseñas algo menos desafortunadas.

Dejemos constancia de los nombres de estas bravas pioneras de la “furia española” femenina (probablemente con algunas erratas, pues los nombres fueron tomados “al oído” por los reporteros. También es muy posible que algunas jugadoras no diesen su nombre auténtico):

Giralda: Paulina Sormejean, Merced Queralt, Esperanza Viñacua, Merced Asun, M. Palermo, Narcisa Colomer, María Glua, Nativitat Miguel, María Jesús Almó, Leocadia Guerra, Clotilde Toneu.

Montserrat: Emilia Paños, Concha Ferrer, Lola Bondía, Dorotea Aleya, Juanita Paños, Emilia Calvo, Josefa López, Emilia González, Rosita Just, Pilar de Torroella, Leonor Colón.

El Spanish Girls siguió disputando partidos en distintos lugares de España, a pesar de los problemas de las jugadoras, cuyas familias no veían con buenos ojos su afición al sport, su indumentaria poco recatada y sobre todo que se ducharan todas desnudas al final de cada match. Su primer partido internacional, que habría de disputarse en Francia, quedó suspendido al dar comienzo la Primera Guerra Mundial.

La siguiente noticia que tenemos de partidos femeninos en España se refiere a dos encuentros celebrados en Barcelona entre equipos de Inglaterra y Francia los días 8 y 9 de septiembre de 1923. Hay una crónica bastante decente en el Diario Madrid-Sport del día 13:

Los matchs internacionales femeninos entre el Stock Ladies F.C. y el Sportives F.C.
Los compañeros de la Prensa Diaria de la Cooperativa de Casas baratas, nos han dado ocasión de presenciar dos luchas entre equipos de fútbol femeninos, que por ser novedad en nuestra capital, debió tener mejor acogida entre la afición.
La inmensa mayoría de amantes del deporte, creyeron que estos partidos carecerían de emoción, pero se equivocaron, ya que desde los primeros momentos de los partidos se ejecutaron una serie de buenas jugadas, no digo excelentes, pero sí lo suficiente vistosas para interesarnos, y ésto más en el segundo partido.
Y, técnicamente, debemos decir que el fútbol que ejecutaron unas y otras, fue mejor que el que verdaderamente esperábamos.
Sinceramente diremos que no concebíamos cómo un deporte de naturaleza ruda, como es el fútbol, podía ser practicado animosamente por señoritas.
El equipo francés desarrolló un juego más brioso, pero más desprovisto de ciencia que el que desarrollaron las inglesas, las que efectuaron buenas jugadas, sabiamente concebidas.”

Y sigue una breve reseña de los dos partidos, que ganaron las británicas por 3-0 y 1-0, destacando entre ellas la jugadora Miss Bedford.

Hay también referencias a un partido jugado en Zaragoza el 20 de octubre de 1925 entre dos equipos belgas.

En esta época hay que mencionar a Irene González, guardameta gallega que en la década de 1920 practicó el fútbol aunque en equipos masculinos. Comenzó a jugar en el club Orillamar en La Coruña. Pronto se hizo muy popular entre rivales y colegas que la trataban como a un igual. Después creó un club al que llamó Irene C.F, donde ella era la única mujer y la capitana. Dicen que los campos se llenaban para verla. En 1928 enfermó de tuberculosis y falleció prematuramente.

Durante la Segunda República Española hubo una explosión de clubs deportivos femeninos en deportes como hockey, baloncesto o balonmano y sin embargo, por extraño que parezca, no sucedió igual con el fútbol. En 1932 se crearon varios equipos, como el Levante, Valencia, Atlético y España, que disputaron torneos por el territorio nacional y llegaron a realizar una gira por Latinoamérica, pero no hubo tiempo, antes de la guerra, para que llegara a cuajar un campeonato oficial. En 1934 Anna María Martínez Sagi se convirtió en la primera mujer directiva de un club de fútbol masculino, al ser nombrada responsable del área social de la junta directiva del F.C. Barcelona. Con carácter frívolo se organizaron varios partidos entre vedettes de las revistas de la época, que enfrentaban a equipos de los distintos teatros de variedades de Madrid, como el Romea o el Metropolitano.

Tras la Guerra Civil el fútbol quedó como algo exclusivo para hombres, cayendo en el olvido los partidos femeninos, como tantas otras cosas que no eran del gusto de los vencedores. Sin embargo sí tuvieron cabida algunos esperpentos como el partido benéfico jugado el 3 de enero de 1971 en el estadio de Vallecas entre dos equipos de “famosas”, denominados Folclóricas y Finolis . Se alinearon artistas de la talla de Lola Flores, Rocío Jurado, Marujita Díaz, Encarnita Polo o Luciana Wolf, ejerciendo de árbitros Junior y Juan Luis Galiardo y de masajista Manolo Gómez Bur. Aunque el resultado fue lo de menos, el choque acabó 1-1, lo que sirvió de pretexto para organizar semanas más tarde un partido de desempate en Sevilla.

Folclóricas vs. Finolis. Vallecas, 1971.

En 1946 se retiró la estrella británica Lily Parr, con cuarenta años de edad, tras jugar durante 26 y marcar 967 goles. En 1955 Alfred Frankland tuvo que retirarse por motivos de salud. El 9 de octubre de 1957 fallecería el trabajador que tanto había hecho por el fútbol femenino.

En Alemania el fútbol también estaba vetado para las chicas por la federación, a pesar de lo cual se celebraban partidos e incluso en 1957 hubo un internacional Alemania-Holanda en Stuttgart.

El 8 de diciembre de 1970 en el campo del Boetticher, en el barrio de Villaverde de Madrid, se disputó un histórico partido que enfrentó al Mercacredit y al Sizam (más tarde denominado Olímpico de Villaverde). Ante ocho mil espectadores ganó el Sizam por 5-1. La figura destacada del partido fue Concepción Sánchez Freire, una jovencísima jugadora de trece años, que empezaría a ser más conocida como Conchi Amancio, en referencia al mejor futbolista español de la época, el gallego del Real Madrid Amancio Amaro. Conchi se convertiría en la primera gran figura del fútbol femenino español y el cuarto futbolista en jugar en el extranjero, tras Luis Suárez, Luis del Sol y Joaquín Peiró. Fichó por el equipo italiano Gamma 3 de Padua y después militó en otros clubs europeos, ganando diez ligas y cinco copas. Acabó su carrera en el Arsenal de Londres a los cuarenta años, tras conseguir casi seiscientos goles. Aunque en teoría era una deportista amateur, ella declaró que durante todos esos años vivió únicamente del fútbol.

Concepción Sánchez Freire, «Conchi Amancio». Foto: Marca.

Otros equipos que surgirían en España durante la década de los 70 y siempre sin carácter oficial serían el Rácing de Valencia, el Fuengirola y la sección femenina del F.C. Barcelona.

A nivel mundial, el fútbol femenino siguió en el ostracismo hasta 1971, cuando por fin se levantó en el Reino Unido el veto de jugar en estadios. La victoria de la selección masculina inglesa en la Copa del Mundo de 1966 tuvo mucho que ver en esta decisión. En la década de los 70, la UEFA recomendó impulsar el fútbol femenino y diversas federaciones europeas, como Inglaterra, Francia y Alemania, reconocieron los clubs de mujeres. En 1969 ya se había disputado una Copa de Europa extraoficial que enfrentó a equipos de Inglaterra, Dinamarca, Francia e Italia. En 1970, también sin carácter oficial, se celebró una Copa del Mundo en México -ganada por Dinamarca- a la que España no pudo acudir por prohibición expresa de la Federación. Su presidente José Luis Pérez-Payá declaró al diario Marca: “No estoy en contra del fútbol femenino, pero tampoco me agrada. No lo veo muy femenino desde el punto de vista estético. La mujer en camiseta y pantalón no está muy favorecida. Cualquier traje regional le sentaría mejor”. En 1971, una selección española no reconocida oficialmente jugó en Murcia su primer partido internacional contra Portugal, con el resultado de 3-3. En esta ocasión ni la Federación ni la Sección Femenina lograron impedir el encuentro, aunque las jugadoras no pudieron lucir el escudo de España en su camiseta, ni el árbitro, el señor Sánchez Ramos, el uniforme de la Federación. La alineación fue la siguiente: Kubalita, Virginia II, García, Herrero, Feijoo, Angelines, Vázquez, Virginia I, Cruz, Conchi y Laura. Esta selección extraoficial jugó varios partidos amistosos en Portugal, Italia y Francia, confirmándose Conchi como la gran estrella del equipo.

En 1980 la Real Federación Española de Fútbol reconoció el fútbol femenino y en 1983 se constituía de forma oficial la Selección Nacional, cuyo debut fue el 5 de febrero de 1983 en La Guardia (Pontevedra) contra Portugal, perdiendo 0-1. En 1981 se organizó una Copa de la Reina, que en sus primeras ediciones dominó el equipo gallego Karbo, hoy desaparecido. Desde la temporada 1988-89 se disputa el Campeonato de Liga, siendo el Athletic de Bilbao el club con más títulos, cinco. En 2004, en Finlandia, la Selección Española Sub 19 se proclamó Campeona de Europa, al batir en la final a Alemania por 2-1, éxito repetido en 2017 al ganar a Francia 2-3 en la final de Belfast.

En 2009 la Federación Inglesa de Fútbol se disculpó por la marginación en la que mantuvo al fútbol femenino durante medio siglo. Fue durante los actos organizados en memoria de Lily Parr, fallecida en 1978.

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