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Makgia sin lágrimas

Obra póstuma de Aleister Crowley ve la luz por primera vez en castellano.

Magick without tears es el último libro que escribió el mago Aleister Crowley (1875-1947) y fue publicado después de su muerte. Jonathan Marqués, prologuista y traductor de la obra en castellano, sostiene que la idea se había originado muchos años antes. Crowley quería escribir una obra que fuera asequible a todo el mundo, cuyo título sería Aleister lo explica todo (hoy quizás se habría llamado Magia para dummies). En 1911, Crowley había conocido, en una fiesta organizada por Isadora Duncan, a Mary d’Este Sturges, amiga y colaboradora de la célebre bailarina. Poco antes, Rose, esposa de Aleister, había sido declarada oficialmente enferma mental. Al mago, experto seductor, no le costó mucho conquistar a Mary y marcharse con ella a Suiza.

Su nueva amante y mujer escarlata estaba más interesada en el alcohol que en el ocultismo, pero parece ser que tenía dotes de médium. Un día entró en contacto espiritual con un ente que decía llamarse Ab-ul-Diz, un viejo de larga barba blanca. A través de Mary, el tal Ab-ul-Diz transmitió a Crowley una serie de frases enigmáticas y combinaciones cabalísticas, que éste interpretó como que debía trasladarse a Italia y escribir un libro.

Así pues, la pareja se instaló en Villa Caldarazzo, cerca de Nápoles, y el mago dictó a su compañera el Liber IV, un tratado de magia y yoga. Dicha obra debía estar compuesta de cuatro partes, pero al terminar la segunda, Aleister y Mary se pelearon y ella lo abandonó para casarse con un turco. Crowley se fue a Londres, publicó las dos partes acabadas en 1912 y después formó una banda de ragtime compuesta por mujeres. Cosas de magos.

En ese libro Crowley utilizó por primera vez la palabra magick, que tantos quebraderos de cabeza ha dado a nuestros traductores a la hora de colocar la k dentro de la palabra magia: magi(k)a, magiak, magia(k) y ahora makgia son algunas de las soluciones adoptadas. El objetivo de Aleister era distinguir, mediante esa k final, sus propias enseñanzas de otro tipo de magia (magic) que él consideraba más vulgar.

Crowley escribió la tercera parte en 1912 pero no la publicó hasta 1925, después de haberla reescrito en 1921. La verdad es que Aleister había fracasado en su propósito de escribir una obra asequible a todos los públicos, ya que sus libros son ciertamente difíciles de entender. Como dijo Gareth Knight, lo que escribe Crowley solo le sirve a él y él ya está muerto.

En 1943, posiblemente por iniciativa de su discípulo y secretario personal Kenneth Grant, Crowley recopiló la correspondencia que había mantenido con varios de sus seguidores, en particular con una mujer a la que se dirige como soror (hermana) y que según reveló Grant a John Symonds era Anne Macky (de nombre mágico Fiat Yod). Circula otra hipótesis y es que dicha soror no tenía existencia real y es solo una estrategia literaria del autor. En 1954 se publicaron ochenta de las cartas bajo el título Magick without tears, y ahora la editorial Aurora Dorada las pone por primera vez a disposición del público en castellano como Makgia sin lágrimas. En las cartas el mago responde a dudas de sus seguidores sobre temas como astrología, viajes astrales, magia ceremonial, tarot, yoga, etc.

Makgia sin lágrimas. Aleister Crowley.
Aleister Crowley: Makgia sin lágrimas. Aurora Dorada Ediciones, 2019.

Colin Wilson cree que en estas cartas “Crowley se encontraba en su elemento: el maestro dando consejos a su discípulo” y añade que “son probablemente la mejor introducción a las ideas de Crowley sobre la existencia. En un tono informal y alegre, lanza algunas de sus más penetrantes intuiciones”. Sin embargo, hay que advertir que incluso el más asequible de los libros de Aleister Crowley sigue siendo oscuro y enigmático en muchos aspectos y en ocasiones el lector habrá de pelearse con el texto para comprenderlo. En otro lugar escribí que “para leer y encontrar sentido a la obra de Crowley se necesitaría dedicarle toda una vida y aun así el éxito es dudoso”. Si de todas maneras quieren intentarlo, es una buena idea empezar leyendo Makgia sin lágrimas.

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