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El sonido de los glaciares

Un micrófono capta el sonido bajo el hielo.

Vatnajokull

Hay una joven británica llamada Katie Paterson, estudiante de la Slade School of Fine Art a quien se le ha ocurrido el siguiente trabajo de fin de carrera: ha sumergido un micrófono impermeabilizado bajo el glaciar Vatnajokull (Islandia) y lo ha conectado por cable a un teléfono móvil o celular.

Desde la Slade School, en Londres, la gente puede marcar un número de teléfono, conectar directamente con el micrófono bajo el glaciar y escuchar el sonido de los trozos de hielo chocando entre ellos, para después desplomarse y derretirse en el agua. El número es el 07758 225698 (les advierto que yo no he llamado, así que no les garantizo nada. Tampoco me pregunten lo que cuesta la llamada).

Vatnajokull

«De alguna manera hay algo desgarrador en todo esto, sabiendo que estás escuchando algo magnífico que está siendo destruido, pero también es algo muy hermoso, una celebración de la naturaleza», ha dicho Katie.

La obsesión de esta chica por los glaciares comenzó en una visita a Islandia, cuando cayó enferma y durante las alucinaciones producidas por una fiebre muy elevada, imaginó que toda el agua que había bebido la había transformado a ella misma en parte del cercano glaciar, al cual alimentaba con su cuerpo fluido (no es exactamente así, pero yo lo cuento de una forma más poética).

Después de esta experiencia cuasimística, sólo tuvo que conseguir el patrocinio de Virgin Mobile, pasar frío y penalidades hasta lograr meter el dichoso micrófono en el glaciar y… ¿le habrán dado un sobresaliente al menos?

Vía: http://www.theguardian.com/uk/2007/jun/08/artnews.art

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5 Comentarios en “El sonido de los glaciares
  1. Jose dice:

    Acabo de enviar el artículo a Menéame… a ver cómo van las cosas 😉

  2. Sailens dice:

    El número marcado no existe….

  3. Jose: gracias

    Sailens: tal vez haya que marcar algún prefijo internacional o algo así

  4. noemi dice:

    Que impresionante tiene que ser escuchar eso. Yo estuve en Argentina, en los glaciares y las lágrimas (no es cursilería) brotaban de mis ojos espontáneamente como nunca en mi vida, al escuchar, mirar y sentir ese leve y crujiente desmoronamiento imponente que nos da cuenta de que somos una nada.

  5. No es por hacer un chiste fácil, pero desde luego esta noticia me deja helada. Saludos cordiales.