Page 2

Cancionero del 98

Comentario del libro de Carlos García Barrón.

Crucero español Reina Mercedes hundido en la bahía de Santiago de Cuba.

Crucero español Reina Mercedes hundido en la bahía de Santiago de Cuba.

Una de las características de la prensa del siglo XIX era la inclusión en sus páginas de poemas, generalmente breves, que glosaban las noticias y los artículos de opinión.

En la última Feria del Libro Antiguo de Madrid he encontrado “Cancionero del 98” de Carlos García Barrón, un libro que recoge más de trescientos poemas publicados a lo largo de 1898 en los periódicos y revistas españolas de la época. Su tema es la guerra contra Estados Unidos que provocó la pérdida de las últimas colonias.

Desde 1895 España sostenía un conflicto militar con los rebeldes cubanos, que querían la independencia de la isla. Al mismo tiempo trataba de sofocar la insurrección en Filipinas. El 15 de febrero de 1898 el acorazado estadounidense Maine explota en el puerto de La Habana, provocando la declaración de guerra de Estados Unidos a España, a la que acusa del hundimiento de su buque.

En la prensa comienzan a aparecer poemas que se refieren al inminente conflicto, aunque es preciso advertir que no reflejan necesariamente la “opinión pública”, sino más bien la “opinión publicada”, que como bien sabemos no es lo mismo.

En el siguiente fragmento pueden ver una muestra de la tradicional fanfarronería de la clase dominante española desafiando a los americanos:

Pero, vamos a ver, señores yankees:
¿cuándo cumplen ustedes el programa
de apoderarse a cañonazo limpio
de nuestras posesiones antillanas?
(“¿Y el programa?”, de Ricardo de la Vega, en El Liberal)

A continuación, un ejemplo de incitación a la guerra y a la violencia, incluido en una publicación que se titula cristiana, que evoca la imagen del “león hispano” aplastando al reptiliano estadounidense:

¡Muera el infame yankee, el pueblo inmundo
tan innoble y tan vil como inhumano!
¡Muera el grosero pueblo americano
formado con la hez de todo el mundo!
¡Guerra! ¡No haya cuartel! ¡Ruja iracundo
el siempre vencedor león hispano,
y aplaste al fin bajo su férrea mano
a ese reptil odioso y nauseabundo.
(“!Mueran los yankees!”, de F. López Van Baumberghen, en La Revista Española España Cristiana)

Si el poema anterior es algo así como el “A por ellos, oé, oé, oé” de aquella época pero en lenguaje más rudo, los siguientes homenajes patrióticos a la gloriosa bandera rojigualda y a la altiva raza ibera equivalen al “Yo soy español, español, españoool”:

No hay pueblo como mi pueblo,
ni patria como mi patria,
ni hay enseña más gloriosa
que la enseña roja y gualda.
(“Cantares”, de Leopoldo Vázquez, en Madrid taurino)

¡Ellos son!… Su altiva frente
denuncia la raza ibera,
y del ocaso al oriente
–gritan¬– “no habrá quien afrente
a la española bandera”.
(“La bandera española”, Bonifacio González Rubio, en El Latigazo)

No podían faltar las alusiones a la enorme masculinidad del macho hispano y a la ausencia de ella en el enemigo:

En el Callao Méndez Núñez
demostró con gran valor
que los tenía bien puestos…
los cañones de su honor.
(“¡Patria!”, de A. Rodríguez, en El Diluvio)

Tienen los yankees orgullo
y también tienen millones,
más no tienen… ¡una cosa
que tienen los españoles!
(“A la república yankee”, de Vicente Rubio, en Don Quijote)

Por supuesto, Dios, la Virgen y todos los santos de la corte celestial están del lado de España, lo que se refleja también en algunos poemas en catalán:

A Vos acut, María,
lo poble aquí postrat;
sinistre, un crit de guerra
pel Món ha retronat.
¡La Espanya cristiana
se’n du tan trista sort!
Doneunos la victoria,
Verge del Sagrat Cor.
(“Plegaria”, de Agnes Armengol de Badía, en La Bandera Carlista)

Comienza la guerra y aflora el racismo contra esos malditos indígenas desagradecidos, que en vez de ponerse de parte de la Madre Patria se alían con su enemigo pensando en obtener la independencia:

Indolente, soberbio y embustero,
humilde hasta rayar en la bajeza,
muy caprichoso, duro de cabeza,
lascivo, jugador, cobarde y fiero;
ratero sin pasión por el dinero,
dado al agua con odio a la limpieza,
santurrón que no sabe lo que reza,
dormilón, descuidado y majadero…
(“El indio filipino”, de M. de Amadla, en Instantáneas)

Tras los primeros reveses en el campo de batalla y previendo lo que se avecina, surgen los tópicos hispanos de rigor, como el célebre “honra sin barcos”:

Sin buques podrás quedarte,
y sin marinos quizás,
pero no podrán dejarte
sin honra y gloria jamás.
(“Surge et ambula”, de A. de M., S. J., en La Lectura Dominical)

Viendo que las cosas se ponen feas, hay quien saca a relucir su pacifismo:

¡Reclaman nuestras glorias militares
abundante ración de carne humana!
Más hombres ¡muchos más! ¡cientos! ¡millares!
Una remesa ayer, otra mañana…
el país se desangra en lucha incierta,
¡y el monstruo sigue con la boca abierta!
(“La Guerra”, Anónimo, en El Domingo)

Algunos dan la voz de alarma sobre la corrupción, que en 1898 como ahora es uno de los grandes males del país. Se han organizado corridas de toros para recaudar fondos destinados al mantenimiento de las tropas, pero se sospecha que alguien se queda con parte del dinero:

Todo esto está bien, mas no se debe
abusar de esos rasgos
que el nombre de los diestros de valía
colocaron tan alto,
y menos abusar de estas bondades
para salir en falso
o querer celebrar una corrida
y guardarse los cuartos,
usando el santo nombre de la patria
para pescar incautos.
Todo esto se arregla si se llevan
a presidio unos cuantos
de esos que sin conciencia nos explotan
usando el nombre patrio.
(“Ojo con el patriotismo”, de Manuel Serrano García-Vao, en El Enano)

Soldados españoles prisioneros.

Soldados españoles prisioneros.

El desarrollo de la guerra es sobradamente conocido: la moderna armada estadounidense destroza a la anticuada flota española en las batallas de Cavite (Filipinas) y Santiago de Cuba. El “siempre vencedor león hispano”, con su “gloriosa enseña roja y gualda”, con sus grandes testículos de toro bravo y con el todopoderoso Dios de su parte, la España que confía más en la intercesión de la Virgen que en tener una escuadra en condiciones, esa España, hace el ridículo mundial perdiendo la guerra en tres meses y quedando sin barcos y sin honra. Además de sin Cuba, Puerto Rico y Filipinas.

Como consecuencia, en la prensa se pasa del triunfalismo vociferante a la negra depresión y comienzan a publicarse los lamentos por la derrota y el llanto por los muertos, cincuenta y cinco mil en total ente 1895 y 1898, de los que más de cuarenta mil no cayeron en combate sino víctimas de las enfermedades (todos hijos de la clase trabajadora, ya que los ricos podían librarse del servicio militar mediante el pago de una “redención en metálico” de dos mil pesetas).

Ya regresan de la guerra,
ya vuelven a sus hogares,
ya pisan por fin su tierra
después de cruzar los mares.
¡Ni una cruz hay en sus pechos,
ni un galón hay en sus brazos!
Vienen pálidos, desechos
y rotos a machetazos.
…………………….
Diez eran los que partieron,
dos vuelven, ¡dos nada más!
¿En dónde están, qué se hicieron,
dónde quedan los demás?
…………………….
–¿Y mi Juan? –¿Qué es de mi hijo?
–¿Cómo no viene? ¿Qué es de él?
–Algo me callas, de fijo.
–Habla, no seas cruel.
(“Héroes y mártires”, de V. Bellmont, en Almanaque de las provincias)

L’un, més que viu, semble mort;
magre, groch, cubert de nafras,
tussint á cada moment,
movent ab travall las camas…
¡sombra apenas de lo qu’era
en lo moment d’embarcarse!
(“Dos repatriats”, de C. Guma, en La Campana de Gracia)

Es sabiduría popular que la culpa de todos los desastres que acontecen a un país es de los políticos:

Fuera esos politicastros,
mercaderes sin conciencia,
que forman su gran barato
con la esquilmada nación
que sostiene su boato.
Y ya que esos liberales
así nos han gobernado,
y que los conservadores
son todavía más malos,
pensemos en las leyendas
de nuestros antepasados,
y salgamos a esperar
los célebres Reyes Magos,
en cuyas manos ponemos
la obra de regenerarnos.
(“Regeneración”, de Rafael Fernández Esteban, en Instantáneas)

La derrota en la guerra provoca largos e inútiles debates en el Congreso, en el transcurso de los cuales los representantes de los distintos partidos se culpan unos a otros. Es curioso constatar como el “y tú más” que hoy se arrojan entre sí los miembros de la casta ya existía entonces:

El “más eres tú”, recurso
de la política antigua
que saca a plaza miserias
probadas y conocidas,
no parece lo más propio
para que en horas tan críticas
se dé como lenitivo
de dolorosas heridas
(“¡Parece imposible!”, de Cardillo, en El Cardo)

Para terminar les dejo un poema publicado el 30 de diciembre de 1898 que adelanta lo que para los historiadores del futuro supondría la guerra hispano-norteamericana: el fin de España como potencia y el surgimiento de una nueva, los Estados Unidos.

El año desaparece,
y al extinguirse pregona
que este globo pertenece
a la raza anglo-sajona.
Ella hereda al que fallece,
y si hay un agonizante,
le dice en tono festivo:
–Ya ha vivido usted bastante;
con que, muérase al instante;
si no, le enterramos vivo.
(“¡¡1898!!”, de José Fernández Bremón, en La Ilustración)

En este artículo se han incluido fragmentos de poemas que se recogen completos en el libro “Cancionero del 98” (Ed. Cuadernos para el Diálogo, 1974) de Carlos García Barrón.

Artículo publicado originalmente en Nueva Revolución: Cancionero para un desastre (1898)

Chiste de la revista Don Quijote (1898)

Chiste de la revista Don Quijote (1898)

Etiquetado con: , ,

Eric Frattini: Manipulando la historia

Operaciones de falsa bandera.

Eric Frattini: Manipulando la historia

Eric Frattini: Manipulando la historia

En 2015 se produjeron varios ciberataques a sitios webs oficiales de países occidentales, como páginas del gobierno de Estados Unidos, de los servicios de inteligencia británicos MI5 y MI6 y diversos medios de comunicación. Los hackers se identificaban como miembros del llamado Ciber Califato de ISIS o Estado Islámico. Llegaron a extraer información de la base de datos del Departamento de Defensa y publicaron en la red los datos de varios cientos de militares estadounidenses destinados en Irak y Afganistán.

La NSA tomó cartas en el asunto y descubrió que el autor de los ataques era un joven británico, Junaid Hussain, que había abandonado su país para unirse al ISIS. Este individuo operaba desde un barrio de las afueras de Raqqa, en Siria. Los norteamericanos enviaron un dron no tripulado desde el que dispararon dos misiles Hellfire aniquilando a Hussain. Sin embargo, pocos días después se reanudaron los ataques a webs occidentales, aparentemente realizados por el mismo hacker al que acababan de matar. Algo raro estaba sucediendo. Los franceses, una de cuyas cadenas de TV había sido objeto de un ciberataque, rastrearon la red con más eficacia y descubrieron que detrás del supuesto Ciber Califato estaba el APT28, grupo ruso de especialistas en internet que oficiosamente recibía órdenes del Kremlin. Es decir, los ataques contra webs occidentales eran lo que se conoce como una operación de falsa bandera, organizada por los rusos para culpar a ISIS.

Este caso es uno de los que se recogen en el libro “Manipulando la historia. Operaciones de falsa bandera: del Maine al golpe de estado en Turquía” (Ed. Temas de Hoy, 2016), del que es autor Eric Frattini, periodista, vaticanista, corresponsal de guerra, aventurero, experto en terrorismo yihadista y, según las malas lenguas, agente del CNI, aunque esto no conste en su curriculum oficial. Frattini -poco sospechoso de ser un izquierdista o un antisistema- aborda el tema con rigor y desde una perspectiva crítica.

El origen de las operaciones de falsa bandera se encuentra en el ámbito naval. Antiguamente un buque podía izar un pabellón falso para poder acercarse al enemigo sin levantar sospechas y atacarlo por sorpresa. Tanto en mar como en tierra, el uso de este tipo de artimañas está aceptado y no se considera que vulnere el Derecho Internacional.

El acorazado Maine

El acorazado Maine

En la época contemporánea, la operación de falsa bandera más célebre es la voladura del acorazado estadounidense Maine en el puerto de La Habana, en la época en que Cuba era colonia española. El suceso se produjo el 15 de febrero de 1898, provocando la muerte de dos oficiales y doscientos sesenta y seis marinos. Aunque hubo numerosos indicios de que la explosión fue interna y no producto de una mina colocada en el exterior, como aseguró la prensa norteamericana, el incidente sirvió al gobierno de Estados Unidos para declarar la guerra a España y arrebatarle los restos de su viejo imperio. Hoy día sigue sin haberse aclarado la verdadera causa del hundimiento del Maine, pero una de las hipótesis más plausibles es que fue un atentado de falsa bandera llevado a cabo por los estadounidenses.

Las operaciones de falsa bandera utilizadas como pretexto para iniciar una guerra han sido muy habituales. En 1939 un comando nazi disfrazado con uniformes polacos provocó incidentes fronterizos que permitieron a Hitler justificar la invasión de Polonia, originando la Segunda Guerra Mundial. El mismo año, Stalin aplicó una estrategia parecida para atacar a Finlandia. En ocasiones no es necesario realizar operación alguna, basta con no darse por enterado de las que está preparando el enemigo y dejarlo actuar. Ese fue el caso del ataque japonés a Pearl Harbor. Documentos desclasificados han demostrado que el presidente Roosevelt y sus asesores sabían que el general Tojo pensaba bombardear la flota de Estados Unidos, pero le dejaron actuar porque necesitaban poner a su favor a la opinión pública antes de entrar en guerra con Japón.

En otros casos las operaciones de falsa bandera tienen una finalidad exclusivamente política, como puede ser derrocar un gobierno o favorecer un golpe de estado. En 2013, la CIA reconoció que la operación Ajax, organizada en 1953 por la propia CIA y el MI6, tuvo como objetivo deponer al primer ministro iraní Mohamed Mossadeq, que era prosoviético. El método empleado fue la infiltración de agentes entre los grupos opuestos a Mossadeq, que movilizaron a unos pocos miles de manifestantes y sembraron el caos y la violencia en las calles para justificar la intervención militar. Cualquiera que esté al tanto de la situación política actual puede darse cuenta de que este método sigue siendo utilizado hoy día.

Aunque podría pensarse que las operaciones de falsa bandera son más propias de regímenes autoritarios, la verdad es que son más habituales en las democracias. Las dictaduras no necesitan el respaldo de su población a la hora de adoptar decisiones impopulares, mientras que los gobiernos democráticos buscan crear un clima favorable en la opinión pública.

La Red Gladio, creada por la CIA con el apoyo de la OTAN, actuó a partir de 1958 en varios países de Europa, especialmente en Italia, cometiendo atentados de los que se culpaba a la extrema izquierda. Las acciones eran llevadas a cabo en realidad por terroristas de extrema derecha. El objetivo era impedir la llegada al gobierno de partidos de izquierda y particularmente en Italia, del Partido Comunista. El atentado más grave tuvo lugar en 1980 en la Estación de Bolonia donde murieron ochenta y cinco personas. El secuestro y posterior asesinato en 1978 del político democristiano Aldo Moro, que pretendía pactar con los comunistas, se ha relacionado también con la Red Gladio.

Documento del Parlamento de la Unión Europea sobre la Operación Gladio.

Documento del Parlamento de la Unión Europea sobre la Operación Gladio (click para ampliar)

Algunas operaciones se han identificado como de falsa bandera cuando al cabo del tiempo alguno de los agentes involucrados ha hablado. Otros casos han sido probados o se ha reconocido la verdadera autoría mediante documentos desclasificados de los servicios de inteligencia implicados. Frattini aporta en su libro varios de esos documentos. Sin embargo, por su propia naturaleza, son actividades cuya autoría es muy difícil de probar. En muchas ocasiones no hay pruebas que permitan afirmar con seguridad si una operación ha sido o no de falsa bandera. Uno de los casos de este tipo recogido en “Manipulando la historia” es el de la llamada operación Kryshia, serie de atentados cometidos en Rusia en 1999 y atribuidos a terroristas chechenos. Numerosos indicios permiten sospechar que tras ellos se encontraba el Servicio Federal de Seguridad (FSB) ruso, agencia heredera de la célebre KGB, que en esa época estaba dirigida por Vladimir Putin. La carrera ascendente de Putin es meteórica. En agosto de 1999 es nombrado primer ministro y desencadena la Segunda Guerra Chechena. En diciembre se convierte en presidente interino de Rusia, tras la dimisión de Boris Yeltsin, y en marzo de 2000 gana las elecciones a la presidencia. En 2002 se crea una comisión de investigación de los supuestos atentados chechenos y en los años siguientes muchos de sus miembros o de los testigos llamados a declarar mueren en extrañas circunstancias: Sergei Yushenko asesinado a tiros, Yuri Shchekochikhin envenenado con talio, Vladimir Romanovich atropellado por un vehículo que se da a la fuga, Otto Latsis al ser embestido su vehículo por un desconocido. Además el asesor Mikhail Trepashkin es detenido por agentes del FSB acusado de revelar secretos de estado y condenado a cuatro años de cárcel. Por último, el caso que más espacio ocupó en los medios, el del coronel Alexander Litvinenko, envenenado con plutonio. En Rusia, quien se opone a Putin tiene problemas muy serios. ¿Pruebas de la implicación del FSB? Ninguna.

Los que acabamos de comentar son algunos de los casos más conocidos de operaciones de falsa bandera que Eric Frattini describe con detalle en su libro, junto a otros, como los numerosos intentos de asesinato de Fidel Castro, el incidente de la Bahía Tonkin, que inició la Guerra de Vietnam, o los atentados con los que Ronald Reagan justificó el bombardeo de la Libia de Gadafi en 1986. “Manipulando la historia”, que recoge un total de veinticuatro casos de operaciones de falsa bandera, se cierra con el análisis del reciente autogolpe de estado dado en Turquía por Erdogan.

Hoy día, cuando intentan asustar a la población mediante ataques terroristas, conviene recordar las palabras del nazi Hermann Goering: “Con voz o sin voz, las personas siempre pueden ser dirigidas. Es fácil. Todo lo que tienes que hacer es decirles que están siendo atacados y denunciar a los pacifistas por falta de patriotismo y por poner al Estado en peligro. Funciona de la misma manera en cualquier país.”

Artículo publicado originalmente en Nueva Revolución: Operaciones de falsa bandera.

Etiquetado con: , , ,

Leonor López de Córdoba

La primera escritora en castellano.

El texto en castellano escrito por una mujer más antiguo que se conoce se debe a doña Leonor López de Córdoba y Carrillo. Sus “Memorias”, redactadas entre 1401 y 1404, nos han llegado a través de copias de los siglos XVIII y XIX, ya que los originales se perdieron. La estudiosa María-Milagros Rivera Garretas dice sobre ella: “Al estar presa entre los ocho y los dieciséis años, no tuvo preceptores que le inculcaran los estereotipos de género femenino propios de su clase y época.”

Leonor nació en Calatayud en 1363, aunque su familia era de Carmona. Su padre, maestre de la Orden de Calatrava, era partidario del rey Pedro I, apodado el Cruel. Cuando contaba siete años de edad, a Leonor la prometieron en matrimonio con Ruy Gutiérrez de Hinestrosa, hijo del Camarero Real que, según ella nos cuenta, poseía una gran fortuna: “A mi marido le quedaron de su padre muchos bienes y muchos lugares; tenía hasta trescientos caballeros suyos, y cuarenta madejas de perlas tan gruesas como garbanzos, y quinientos moros y moras y vajilla por valor de dos mil marcos de plata; y las joyas y preseas de su casa no se podrían escribir en dos pliegos de papel.”

Cuando se produjo el enfrentamiento entre Pedro I y su hermanastro Enrique de Trastamara, el padre de Leonor acudió en ayuda del primero. Pero llegó demasiado tarde. El de Trastamara ya había dado muerte al monarca, con ayuda del traidor francés Bertrand du Guesclin, que pronunciara la célebre frase “Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor”. La familia de Leonor se refugió en Carmona y el ya proclamado rey Enrique II puso sitio a la ciudad. Después de meses de asedio y vista la imposibilidad de conquistarla por las armas, el de Trastamara ofreció un pacto: perdonaría la vida de los sitiados y les dejaría partir con sus haciendas. El padre de Leonor aceptó y cuando abandonaron las murallas de la ciudad, el embustero Enrique los mandó prender. Contaba Leonor ocho años de edad cuando presenció en la Plaza de San Francisco de Sevilla la ejecución de su padre. Este, cuando iba a ser decapitado, se dirigió a Du Guesclin y le dijo: “Más vale morir como leal, como yo he hecho, que vivir como vos vivís, habiendo sido traidor”.

Leonor, junto al resto de su familia, fue encarcelada y permanecería casi nueve años en prisión. En 1374, cuando aún estaba encerrada, una epidemia de peste acabó con la vida de gran parte de su familia, sus dos hermanos, sus cinco cuñados y trece caballeros de su padre. Solo ella y su prometido sobrevivieron y meses más tarde, teniendo ella doce años, se casaron en la cárcel.

Sobre la muerte de sus cuñados escribe: “Y mis cuñados, que eran cinco hermanos, llevaban cada uno un collar de oro en el cuello; se habían puesto esos collares en Santa María de Guadalupe, prometiendo que no se los quitarían hasta que los cinco juntos se los echasen a Santa María; y, por sus pecados, uno murió en Sevilla, otro en Lisboa y otro en Inglaterra, así que murieron desparramados, y se mandaron enterrar con sus collares de oro; y los frailes, con su codicia, después de enterrarlos les quitaron el collar.”

A la muerte de Enrique II, Leonor y su esposo fueron puestos en libertad, pero nunca pudieron recuperar sus bienes. A juzgar por lo que ella cuenta, Ruy Gutiérrez debió volverse medio loco: “Y así se perdió mi marido, y anduvo siete años por el mundo como un desventurado; y nunca encontró ni un pariente o amigo que le hiciese bien o tuviera piedad de él.”

Leonor consiguió rehacer su vida en Córdoba gracias a la ayuda de una tía abuela. Su marido, tras haber participado en la Guerra de Portugal, regresó junto a ella a lomos de una mula, señal de su extrema pobreza. Entonces tuvieron una hija y tres hijos y adoptaron a un niño judío huérfano. Una nueva epidemia de peste acabaría con la vida de su primogénito y del adoptado.

A pesar de todo no debió irles mal, aunque no conocemos las circunstancias en que lograron recuperar su fortuna, pues Leonor en sus memorias lo atribuye a la intercesión de la Virgen. La siguiente noticia que tenemos de ella data de 1406; la encontramos convertida en Camarera Mayor de la reina Catalina, nieta de Pedro I y Regente hasta la mayoría de edad de su hijo, el futuro Juan II de Castilla. Según las crónicas, Leonor alcanzó una posición de gran poder y fue persona muy influyente en la toma de decisiones políticas: “[La reina] tenía una dueña natural de Córdoba, llamada Leonor López, hija de don Martín López, maestre que fue de Calatrava en tiempo del Rey Don Pedro, de la cual fiaba tanto, y la amaba en tal manera, que ninguna cosa se hacía sin su consejo. Y aunque algo fuese determinado en el Consejo donde estaban la Reina y el Infante, y los obispos de Sigüenza y Segovia y Palencia y Cuenca, y doctores Pero Sánchez y Periáñez, y muchos otros Doctores y Caballeros, si ella lo contradecía, no se hacia otra cosa de lo que ella quería” (Crónica de Juan II, 278)

A pesar del poder acumulado terminaría siendo víctima de las intrigas palaciegas, caería en desgracia ante la reina y acabaría regresando a Córdoba en 1412. En 1428 otorgó testamento y se supone que falleció en 1430, el mismo año que Christine de Pizan, otra escritora pionera. Su esposo, del que no habla más en sus memorias tras el nacimiento de sus hijos, había fallecido unos años antes. Leonor López de Córdoba se encuentra enterrada en la capilla de Santo Tomás de Aquino (actual del Rosario) del convento de San Pablo de Córdoba, del que hoy solo queda la iglesia.

Aunque algunos consideran que no puede ser considerada propiamente una escritora, ya que su obra se reduce a unas breves memorias, es indudable la importancia del texto que nos dejó. María del Mar Cortés Timoner en su libro “Las primeras escritoras en lengua castellana” (Universidad de Barcelona, 2015) afirma que “Memorias” de Leonor López de Córdoba es “la primera obra castellana que nos permite “oír” la voz verdadera, no ficticia, de una mujer con nombres y apellidos que expone sus vivencias.”

Este artículo se publicó originalmente en Nueva Revolución: La primera escritora en castellano. Se incluye también como un capítulo del libro “Mujeres singulares 2“.

Christine de Pizan

Christine de Pizan, otra escritora pionera.

Etiquetado con: , ,

Hernández de la Fuente: Lovecraft (una mitología)

Ph’nglui mglw’nafh Cthulhu wgah’nagl fhtagn!.

Lovecraft

“El pensamiento humano, con sus infinitas variedades, intensidades, aspectos y colisiones, es quizás el espectáculo más divertido pero desalentador de nuestro globo terráqueo.” (H.P. Lovecraft).

Materia Oscura ha reeditado Lovecraft (una mitología) de David Hernández de la Fuente, libro que tras ver la luz por vez primera en 2005 se convirtió en referencia para los seguidores del “ermitaño de Providence”. Calificado por su autor como “ensayo ficticio”, esta obra singular incluye biografía, crítica, historia y unas gotas de ficción que rellenan hábilmente algunos de los muchos puntos oscuros del protagonista. Se estructura el libro en un prólogo y cuatro partes: “Lovecraft y los mitos clásicos”, “Lo dionisíaco, lo gótico, lo místico (una poética)”, “La escuela lovecraftiana” y “El último pagano habla” más unos apéndices que incluyen la obra narrativa, bibliografía y filmografía.

Decía Borges que Howard Phillips Lovecraft “gustaba, como Hawthorne, de la soledad, y aunque trabajaba de día, lo hacía siempre con las persianas bajadas”. David Hernández de la Fuente se ha atrevido a asomarse por las rendijas de las persianas y cual personaje de H.P.L. atisbar lo que hay “al otro lado”. Por fortuna, lo que ha visto no son horrores abominables, demenciales e innombrables, sino un hombre con una infancia difícil y una crisis vital que a los dieciocho años lo transformó en otro. Hernández ha buscado en los textos de Lovecraft y en la abundante correspondencia que mantuvo a lo largo de su vida, pero no hay manera de saber qué pasó por la mente del joven Howard entre 1908 y 1914. Posiblemente se volvió loco, con la misma locura de Don Quijote o de escritores como Hölderlin o Melville. Esa locura que “permite al individuo asomarse a todo nuestro drama colectivo. Y volver para contarlo.”

Dicho drama colectivo se articula en torno a arquetipos, una de cuyas más conocidas representaciones se encuentra en los mitos clásicos, que Lovecraft había estudiado a fondo ya antes de su crisis y que después le permitirían establecer un nuevo “paganismo literario”. En su obra están presentes por un lado los mitos en los que el héroe desciende al infierno y es capaz de regresar y narrar su experiencia -si encuentra palabras para ello- y, por otra parte, los ritos dionisíacos que transforman al iniciado en otro. Él mismo cuenta que de niño construía altares “a Pan y a Apolo, a Atenea y a Artemisa y al benévolo Saturno, que gobernaron el mundo en la Edad de Oro.”

Afirma Hernández que Lovecraft es un místico, en cuanto está en contacto con otras realidades, como el poeta William Blake o el pintor Nicolás Roerich. Michel Houellebecq en su celebrado ensayo sobre H.P.L. dice que éste “selecciona a sus lectores como un sacerdote que eligiera ya desde el comienzo a quienes reúnen las cualidades para ser iniciados en los misterios y, también, a las víctimas propiciatorias.”

Dibujo de Cthulhu hecho por Lovecraft

Dibujo de Cthulhu hecho por Lovecraft

Al salir de su crisis existencial, el joven Howard encontró la que sería otra de sus influencias más reconocibles: la novela gótica inglesa. Lord Dunsany, Arthur Machen y Algernon Blackwood se cuentan entre los autores que frecuentaría. Lovecraft, junto a escritores como Poe, Hawthorne y Ambrose Bierce, desarrollaría una variante propia, un gótico americano. El romanticismo sobrenatural de los claustros medievales invadidos por la hiedra dio paso al horror irracional de las grandes mansiones abandonadas. El escritor de Providence le añadiría algunos aspectos de la entonces recién nacida ciencia-ficción para crear su peculiar estilo.

Casi tanta importancia como tuvo el maestro en el desarrollo de series como los mitos de Cthulhu, lo tuvieron los autores que siguieron su línea y constituyeron lo que se conoce como el Círculo Lovecraft. Formado por escritores como Robert Bloch, August Derleth, Robert E. Howard y Clark Ashton Smith, entre otros, se agruparon en torno a la mítica revista pulp Weird Tales. Hay que decir que el Círculo se ha extendido en el tiempo hasta nuestros días, ya que aún hoy surgen epígonos de Lovecraft, incluso en España.

Pero la influencia lovecraftiana se extiende más allá de la literatura: largometrajes, cómics, videojuegos, juegos de rol, grupos de rock, páginas de internet y diversos subproductos (que seguramente disgustarían al “ermitaño”). Entre las muchas versiones en cómic, debo citar aquí a los autores españoles Esteban Maroto y Joan Boix y la magistral adaptación de los Mitos de Cthulhu de los argentinos Buscaglia y Breccia. Sin embargo han sido fallidos los intentos de adaptar al cine las obras del escritor de Providence, pues es uno de esos autores -como Marcel Proust, entre otros- cuyo estilo literario resulta complicadísimo de trasponer a imágenes convincentes: las descripciones del horror solo pueden ser vistas en los textos de Lovecraft.

De todo esto y de muchas más cosas nos habla David Hernández de la Fuente en este interesante ensayo y nos confiesa que el propio Lovecraft, surgiendo frente a él en un estado intermedio entre la vida y la muerte, le reveló el secreto de su escritura. Estas fueron las palabras del maestro: Ph’nglui mglw’nafh Cthulhu wgah’nagl fhtagn!

Artículo publicado originalmente en Nueva Revolución: Lovecraft (una mitología).

Etiquetado con: , ,
Optimization WordPress Plugins & Solutions by W3 EDGE